{"id":229,"date":"2018-10-07T05:03:58","date_gmt":"2018-10-07T05:03:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.dosytresdorm.org\/blog\/?p=229"},"modified":"2019-08-28T18:31:26","modified_gmt":"2019-08-28T18:31:26","slug":"laberinto","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.dosytresdorm.org\/blog\/2018\/10\/07\/laberinto\/","title":{"rendered":"Laberinto"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-231 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.dosytresdorm.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/2-300x214.png\" alt=\"\" width=\"674\" height=\"481\" srcset=\"http:\/\/www.dosytresdorm.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/2-300x214.png 300w, http:\/\/www.dosytresdorm.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/2-768x549.png 768w, http:\/\/www.dosytresdorm.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/2-1024x732.png 1024w, http:\/\/www.dosytresdorm.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/2.png 1086w\" sizes=\"auto, (max-width: 674px) 100vw, 674px\" \/><\/p>\n<p>La relaci\u00f3n capital-trabajo no tolera que nadie que exista por fuera de la mediocridad vital que impone: e<em>l embrutecimiento de la fanea cotidiana es una alquimia involutiva que transforma en plomo el oro de la riqueza existencial.<\/em> Pero en el vientre de la bestia hay quienes optan, con lo que les resta de energ\u00eda libidinal, por una manifestaci\u00f3n individual de oposici\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 salva esta haza\u00f1a en el oce\u00e1no de mierda de la cotidianidad?<\/p>\n<p><em>Bartleby no juega el juego; vive su vida como un empleado y se comporta en su puesto como si tranquilamente pudiera vivir all\u00ed. Seguramente no tiene hogar, ni familia, ni amor, ni esposa. \u00bfY qu\u00e9? En este universo desolado, poblado de tareas a realizar y relaciones abstractas entre trabajadores-hombres, Bartleby prefiere no hacerlo. Bartleby realiza un tipo de protesta totalmente nueva. (\u2026) \u201cDe hecho\u201d, afirma su jefe resignado, \u201cprincipalmente, fue su maravillosa bondad la que no solo me desarm\u00f3, sino que me dej\u00f3 sin personal, por as\u00ed decirlo\u201d. Bartleby es sorprendido pasando el rato en la oficina de Wall Street un domingo, medio desnudo, pero nadie es lo suficientemente duro como para echarlo: todo el mundo asume que \u00e9l debe pertenecer a ese lugar. \u201cPues considero que uno est\u00e1 sin personal\u201d, contin\u00faa su jefe, \u201ccuando tranquilamente le permite a su empleado contratado que le dicte una orden y lo aleje de su propio local\u201d. La autoridad del amo est\u00e1 aqu\u00ed depuesta por un acto gen\u00e9rico de rechazo: no es la violencia, solo la p\u00e1lida soledad de alguien que \u201cprefiere no hacerlo\u201d, que atormenta la conciencia del jefe de la oficina, al igual que ha atormentado la vida de tantos maridos rechazados con la misma firme determinaci\u00f3n injustificada de una preferencia negativa, m\u00e1s dura que cualquier negativa inapelable. La mala conciencia de la virilidad cl\u00e1sica, personificada por el Jefe de Canciller\u00eda, el superior de Bartleby, evita que se libere de este espectro mudo que ya no exige nada, rechaza todo y por su simple y obstinada presencia alude a una clase de mundo diferente, donde las oficinas ya no ser\u00edan lugares donde los contadores se someten a su agotadora esclavitud, y donde los patrones recibir\u00edan \u00f3rdenes. \u201cRara vez pierdo la paciencia; mucho m\u00e1s rara vez me permito la peligrosa indignaci\u00f3n ante males y atrocidades\u201d, aclara su jefe. Este caballero es una persona tranquila y balanceada y, sin embargo, pierde toda la agencia cuando enfrenta a Bartleby. Su apacible falta de sumisi\u00f3n lo seduce; su huelga lo contamina; quiere dejar ir y abandonar una autoridad que de pronto se le hace pesada; y en el apogeo de su inexplicable simpat\u00eda por este empleado bueno para nada decide optar por la menos l\u00f3gica de las soluciones: la huelga de Bartleby, que en este sentido es similar a la de las feministas, es una huelga humana, una huelga de gestos, di\u00e1logo, un escepticismo radical frente a todas las formas de opresi\u00f3n que se dan por sentado, incluyendo el chantaje emocional o las convenciones sociales m\u00e1s incuestionables, como la necesidad de levantarse e ir a trabajar y luego volver a la casa de la oficina una vez que cierra. Pero esta es una huelga que no se extiende, que no contamina a otros trabajadores con su s\u00edndrome de preferencia negativa, porque Bartleby no explica nada (esa es su gran fortaleza) y no tiene legitimidad; ya no amenaza con no hacer nada m\u00e1s, por lo que todav\u00eda mantiene su relaci\u00f3n contractual con el jefe, simplemente le recuerda que \u00e9l no tiene m\u00e1s deber que el que desea y que su preferencia es la abolici\u00f3n del trabajo. \u201cPero as\u00ed es a menudo\u201d, contin\u00faa el jefe de la oficina, \u201cque la fricci\u00f3n constante de las mentes no liberales desgasta por fin las mejores resoluciones de las m\u00e1s generosas\u201d. Una huelga humana sin una comunizaci\u00f3n de principios termina como una tragedia privada y se considera un problema personal, una enfermedad mental. Sus colegas, que circulan en la oficina durante el d\u00eda, exigen obediencia de Bartleby, ese empleado que camina con las manos en los bolsillos; le dan \u00f3rdenes y, ante su negativa categ\u00f3rica a llevarlas a cabo y su absoluta impunidad, est\u00e1n perplejos y sienten que, de alguna manera, se han convertido en v\u00edctimas de alg\u00fan tipo de injusticia indecible.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La relaci\u00f3n capital-trabajo no tolera que nadie que exista por fuera de la mediocridad vital que impone: el embrutecimiento de la fanea cotidiana es una alquimia involutiva que transforma en plomo el oro de la riqueza existencial. 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