Diarios de cuarentena / 21 al 25 de abril

Un viejo futuro: todas vigiladas por las máquinas de la gracia divina

Cuanto más se elige la propia humillación, más se «vive»; más se vive la vida preparada de antemano de las cosas. En esto consiste la astucia de la reificación, lo que la hace pasar como el arsénico en la mermelada.

Raoul Vaneigem, Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones

La administración político-económica de la pandemia demuestra que solo es capaz de dudosamente mitigarla y, antes bien, forzarnos a la adaptación. Deja a la vista que, a pesar de todo el terrorismo ideológico sobre el progreso, el cambio real es inconcebible. La «nueva normalidad» se reduce al enema de siempre: seguir (tele)trabajando para empobrecernos, retomar los peregrinajes a las catedrales de consumo para obtener lo mínimo para la supervivencia, volver a encerrarnos en nuestro metro cuadrado. Y así como no cabe el cambio tampoco cabe la memoria viva de los muertos y torturados que ha dejado la intensa actividad del cartel Estado-capital en los últimos meses, como una vez más lo demuestra el actuar represivo de sus asesinos a sueldo este 1º de mayo.

Los notables están aprovechando este momento de pánico para reconstruir su autoridad, que venía siendo peligrosamente cuestionada en la práctica por las masas insurrectas del mundo. Aparentan que «están ahí», que toman decisiones informadas y que lo hacen por «nuestro bien». Algunos robots de la competencia capitalista, presa de la psicosis, están dispuestos a obedecerlos y a obligar a otros a obedecer. ¿Cómo protegernos de este otro virus más duradero y mortal, la epidemia de la servidumbre voluntaria, al que el poder y la inercia del dinero pretende condenarnos?