Sobre la total internalización del poder igualador del dinero

Como usted y yo sabemos, no importa cuántas miles de selfies subamos a las “redes sociales”, no podemos obtener suficiente reconocimiento externo para llenar verdaderamente el agujero de vacío que sentimos dentro. Lo que descubrimos detrás de quizás la mayoría o todas las selfies es el grito de la más fundamental de las necesidades humanas: la necesidad de atención. “Por favor préstame atención, necesito tu atención”. ¿Por qué atención? “Cuando me prestas atención, me siento reconocido, cuando me siento reconocido por ti, siento como si valiera la pena ser notado, cuando siento que vale la pena ser notado, siento que valgo algo”.

Laberinto

 

La relación capital-trabajo no tolera que nadie que exista por fuera de la mediocridad vital que impone: el embrutecimiento de la fanea cotidiana es una alquimia involutiva que transforma en plomo el oro de la riqueza existencial. Pero en el vientre de la bestia hay quienes optan, con lo que les resta de energía libidinal, por una manifestación individual de oposición. ¿Qué salva esta hazaña en el oceáno de mierda de la cotidianidad?

Ricardo no juega el juego; vive su vida como un empleado y se comporta en su puesto como si pudiera vivir tranquilamente allí. Seguramente no tiene hogar, ni familia, ni amor, ni esposa. ¿Y qué? En este universo desolado, poblado por tareas a realizar y relaciones abstractas entre trabajadores-hombres, Ricardo prefiere no hacerlo. Ricardo realiza un tipo de protesta totalmente nueva… “De hecho”, afirma su jefe, resignado, “fue su maravillosa bondad, principalmente, la que no solo me desarmó, sino que me dejó sin personal, por así decirlo”. Ricardo es sorprendido un domingo pasando el rato en la oficina en Wall Street  medio desnudo, pero nadie es lo suficientemente duro como para echarlo: todo el mundo asume que él está donde pertenece. “Considero que uno está sin personal”, continúa su jefe, “cuando tranquilamente se le permite a su empleado que le dicte una orden, y lo aleje de su propio local”. La autoridad del señor está aquí depuesta por un acto genérico de rechazo: no es la violencia, solo la pálida soledad de alguien que “prefiere no hacerlo” lo que atormenta la conciencia del jefe de la oficina, al igual que ha atormentado la vida de tantos maridos rechazados con la misma firme determinación injustificada de una preferencia negativa, más difícil que cualquier negativa inapelable. La mala conciencia de la virilidad clásica personificada por el jefe de cancillería, el superior de Ricardo, evita que se libere de este espectro mudo que ya no exige nada, lo rechaza todo y, por su simple y obstinada presencia, alude a un mundo diferente, donde las oficinas ya no son lugares donde los contadores se someten a su agotadora esclavitud y donde los patrones reciben órdenes. “Rara vez pierdo  la paciencia; mucho más rara vez me permito una peligrosa indignación frente a males  y atrocidades”, aclara su jefe. Este caballero es una persona tranquila y balanceada y, sin embargo, pierde toda la agencia cuando enfrenta a Ricardo. Su respetable falta de sumisión lo seduce; su protesta lo contamina; quiere dejar ir y abandonar una autoridad que de repente se le hace pesada; y en el clímax de su inexplicable simpatía por este empleado bueno para nada decide optar por la menos lógica de las soluciones: la protesta de Ricardo, que en este sentido es similar a la de las feministas, es una protesta humana, una huelga de gestos, un diálogo, un escepticismo radical frente a todas las formas de opresión que se dan por sentado, incluyendo el chantaje emocional o las convenciones sociales más incuestionables, como la necesidad de levantarse e ir a trabajar y luego volver a la casa de la oficina una vez que cierra. Pero esta es una protesta que no se extiende, que no contamina a otros trabajadores con su síndrome de preferencia negativa, porque Ricardo no explica nada (esa es su gran fortaleza) y no tiene legitimidad; no está amenazando con no hacer nada más, por lo que todavía mantiene su relación contractual con el jefe, simplemente le recuerda que él no tiene más deber que el que desea y que su preferencia es la abolición del trabajo. “Pero así sucede a menudo”, continúa el jefe de la oficina, “que la fricción constante de las mentes no liberales desgasta por fin las mejores resoluciones de las más generosas”. Una protesta humana sin una comunización de principios termina como una tragedia privada, y se considera un problema personal, una enfermedad mental. Sus colegas, que circulan en la oficina durante el día, exigen obediencia de Ricardo, ese empleado que camina con las manos en los bolsillos; le dan órdenes y, ante su negativa categórica a llevarlas a cabo y su absoluta impunidad, están perplejos y sienten que, de alguna manera, se han convertido en víctimas de algún tipo de injusticia indecible.

Medicina para una pesadilla

 Seguramente ahora
El mundo debería ver
Que lo que creen que es verdadero
No lo es.
Por siglos
El mundo en general
No ha podido sentir
La diferencia
Entre lo falso
Y lo verdadero.
La historia de esta “realidad” forzada
No es la voluntad celestial de ser . . . . . . . . . .
Este reino de odio creciente
No es el trabajo del destino-pureza

El mañana nunca viene,
Viene el mañana nunca
Nunca viene el mañana
El mañana viene nunca
Nunca el mañana viene
Viene nunca el mañana

Lo que todos queremos

(“¿Vives por acá?”)                                                                                                   (“Mmm eres de las calladas”)

 

This wheel spins let me off / Esta rueda da vueltas déjenme bajar
It’s not for lack of trying / No es por falta de intentarlo
Can’t put my finger on it / No puedo dar en el clavo
You can’t help being hard up / No puedes evitar salir arruinado
You can’t trust the god you trusted / No puedes confiar en el dios en que creías
Don’t think that’s any insurance / No pienses que eso es ningún seguro
Could I be happy with something else / ¿Podría ser feliz con otra cosa?
I need something to fill my time / Necesito algo que llene mi tiempo
Could I be happy with something else / ¿Podría ser feliz con otra cosa?
I need someone to fill my time / Necesito que alguien llene mi tiempo

This wheel spins let me off / Esta rueda da vueltas déjenme bajar
These jobs are nagging worries / Estos trabajos son preocupaciones molestas
Nothing to work towards / Nada por lo que trabajar
This demon on back preaches the razor’s blood / Este demonio en la espalda predica la sangre de la navaja
The world it does not fade / Este mundo no se desvanece
Could I be happy with something else / ¿Podría ser feliz con otra cosa?
I need something to fill my time / Necesito algo que llene mi tiempo
Could I be happy with something else / ¿Podría ser feliz con otra cosa?
I need something to fill my time /Necesito algo que llene mi tiempo

This wheel spins let me off / Esta rueda da vueltas déjenme bajar
It’s not for lack of trying / No es por falta de intentarlo
Can’t put my finger on it / No puedo dar en el clavo
You can’t help being hard up / No puedes evitar salir arruinado
You can’t trust the god you trusted / No puedes confiar en el dios en que creías
Don’t think that’s any insurance / No pienses que eso es ningún seguro
Could I be happy with something else / ¿Podría ser feliz con otra cosa?
I need something to fill my time / Necesito algo que llene mi tiempo
Could I be happy with something else / ¿Podría ser feliz con otra cosa?
I need someone to fill my time / Necesito que alguien llene mi tiempo

Could I be happy with something else / ¿Podría ser feliz con otra cosa?
I need something to fill my time / Necesito algo que llene mi tiempo
Could I be happy with something else / ¿Podría ser feliz con otra cosa?
I need someone to fill my time / Necesito que alguien  llene mi tiempo

What we want’s not what we get / Lo que queremos no es lo que obtenemos

 

What we all want, Gang of four

Orgías del progreso (segunda parte)

“Esos espacios están producidos. La «materia prima» a partir de la cual se han producido no es otra que la naturaleza. Son productos de una actividad donde la economía y la técnica están involucradas, pero van mucho más lejos: son productos políticos, espacios estratégicos. El término «estrategia» comprende proyectos y acciones muy diferentes, combina la paz con la guierra; el comercio de armas con la disuación en caso de crisis; el empleo de recursos propiso de los espacios periféricos con el uso de riquezas procedentes de los centros industriales, urbanizados y estatalizados.

El espacio no es nunca producido al modo en que se produce un kilo de azúcar o un metro de tela. No es un mero agregado de los lugares y sitios de esos productos: el azúcar, el trigo, la tela, el hierro. ¿Acaso se produce como una superestructura? No, sería más exacto decir que es la condición o el resultado de superesstructuras sociales: el Estado y cada una de las instituciones que lo componen exigen sus espacios —espacios ordenados de acuerdo con sus requerimientos específicos—. El espacio no tienen nada de «condición» a priori de las instituciones y del Estado que las corona. Podemos afirmar que el espacio es una relación social, pero inherente a las relaciones de propiedad (la propiedad del suelo, de la tierra en particular), y que por otro lado está ligado a las fuerzas productivas (que conforman esa tierra, ese suelo)“.

Obscenidad y riqueza

Publicado originalmente en  Streifzuege (Viena) en el 2005

Franz Schandl

Comencemos en Belo Horizonte. Cada vez que un buen amigo, que desde hace algunos años vive en Brasil, visita Austria, necesita acostumbrarse de nuevo al hecho de poder caminar por las calles de noche sin ser molestado. En Belo Horizonte un paseo así es prácticamente imposible. ¿Qué nos dice esto? ¿Se trata de un pasado? ¿Un mundo paralelo? ¿O acaso el futuro? ¿Es posible que aquí [en Austria] puedan darse condiciones tan violentas como las que existen en otras regiones y ya se han convertido en cotidianidad? Pienso que el estrato de civilización es delgado y debajo yacen la vida y la violencia en total desnudez.

El capitalismo es una relación de violencia, incluso y precisamente cuando la violencia no se manifiesta abiertamente. Con esto no se alude tanto a la relación entre dominadores y dominados, sino más bien a una violencia omnipresente, ubicada sobre la totalidad de la sociedad a la que impregna, sobre todo allí donde ha logrado pacificarla con mercancías y donde la violencia no necesita hacer ostentación. Donde más violento es el capitalismo es donde la violencia no es percibida exteriormente porque se ha apoderado de la esencia más profunda de los sujetos. Los que se dominan, no se sienten más dominados. Su estado es aquel al que se le ha arrebatado la capacidad de percepción, la sensibilidad de los sentidos.

Abundancia y riqueza

La pobreza es violencia estructural, la pauperización es la forma en que se fija su trazo que alcanza a ciertos estratos de la sociedad capitalista como si fuese un destino. Aun cuando a nivel individual algunos puedan escapar de la pobreza, los múltiples pobres nunca lo lograrán. Ellos son parte del espacio económico global. Los pobres son la selección sistemática de los menos valuados. Padecen de falta de capacidad de mercado, lo cual es sinónimo de debilidad inmunológica social.

No es la riqueza la que produce la pobreza, sino que ambas son momentos de los procesos de (re)valorización del capital, de los cuales resultan. Aunque en apariencia su posición difiera tanto, favoreciendo a quienes la ostentan y perjudicando a esos cuyo trabajo constituye su sustancia, es la consecuencia de posibilidades y demandas objetivas y subjetivas, realizadas o precisamente no realizadas, de la sociedad capitalista. La riqueza económica significa el logro en la estructura dada, mientras que la pobreza es el fracaso en ella y por ella.  Algunos pueden arreglarse económicamente, a otros los desarreglan.

En tanto, hay riquezas y riquezas. La riqueza capitalista es una riqueza de mercancías y dinero. En última instancia se trata de una sentido limitado y abstracto de riqueza. La riqueza en sí misma es la superabundancia de vida. Habitar en un entorno agradable, comer y beber bien, amar y gozar, cultivar relaciones, ocuparse de lxs niñxs y amigxs, tocar música, leer, viajar, vagar, hacer trabajos manuales y corporales, no estar solx o abandonadx, apoyar y ser apoyadx, todo eso puede y podría caracterizar el vivir. De todo eso uno nunca puede recibir demasiado. Ernst Lohoff escribe: “La riqueza humana puede determinarse con mayor aproximación como riqueza de potenciales y de relaciones. La riqueza de una sociedad podría entonces medirse en tanto permita a sus miembros desarrollar sus potencias proporcionándoles las condiciones para que las realicen y  perfeccionen. La riqueza apunta a la plenitud o sea a la liberación de limitaciones y carencias”1.

La riqueza se torna obscena precisamente allí donde concurre con la miseria de muchos, es decir, donde abre una discrepancia. Herbert Marcuse: “La sociedad es obscena en tanto y en cuanto produce una abundancia asfixiante de mercancías y las exhibe impúdicamente, mientras que afuera se les roba a sus víctimas las posibilidades de desarrollar su vida; obscena porque ellos están repletos al igual que sus basureros, mientras que envenena y arrasa con los escasos comestibles en las regiones de su agresión; obscena en las palabras y risas de sus políticos y sus entertainers, en sus oraciones, en su ignorancia y en la sabiduría de los intelectuales que mantiene” 2. La obscenidad de la riqueza se corresponde con la obscenidad de la pobreza que con ella se produce.

Al interior y al exterior

Wolfgang Pohrt expresa: “La provocadora impudicia de la nueva riqueza, su aspereza, sirve para intimidar a las masas empobrecidas, cuyos miembros no son mejores que los ricos”3. Sin duda alguna, ellos quieren ni más ni menos que estar en otra posición. Estar fijado en eso y fracasar en ello es lo que caracteriza a muchos de los perdedores del bienestar y asimismo conforma los cimientos para definir otras condiciones de exclusión y encauzar su deseo exclusivamente hacia las leyes del mercado. El sujeto opera y avala el juego de inclusión y exclusión, si bien quiere excluir, pero no ser excluido. Avala algo contra lo que él mismo desea ser protegido.

El reformismo social de las organizaciones obreras fue el intento (otrora exitoso) de reaspirar la exclusividad de la riqueza hacia los centros, por lo menos a nivel de los estados-nación. Eso fue lo que había una vez. El capitalismo, entendido aquí como (re)valorización lograda, está él mismo en una crisis fundamental, no se distingue más por su integración, sino por su desintegración.

El desmontaje social actúa como cuando al enfermo se le quitan los medicamentos. Lo que les da poder (adquisitivo) se les quita o se les reduce la dosis. Su dependencia del mercado y el estado los coloca en una situación desesperante. Ahora llegó la hora de los placebos. A veces hasta tienen efecto. Pero en principio, a los “dejados de lado” les va como a los drogadependientes en la abstinencia. Estamos domesticados en función de las mercancías, no poder tenerlas es grave. Y el comprar es por eso un verdadero vicio, del que no es tan sencillo salir. El capitalismo debe ser entendido también como el sistema del fetichismo de la mercancía y del dinero y sus sometidos son como los sirvientes del fetiche. “La llamada economía de los consumidores y la política del capitalismo corporativo conformaron una segunda naturaleza en los seres humanos que los vincula de manera libidinosa y agresiva a la forma mercancía” 4. El ser humano no es nada sin estas mercancías y las relaciones dinerarias que de ellas se derivan.

Monopolio de la violencia y de la dirigencia, estado de derecho y estado social; a todo esto los ligaba el objetivo de la integración social. Este objetivo deberá ser abandonado poco a poco ya que, la base monetaria se encuentra en un proceso de desmoronamiento. Hoy, más bien, es la desintegración lo que está en el tapete. El estado de bienestar, conseguido en gran parte por el movimiento obrero, fue un proyecto compartido por casi toda la sociedad. No quería dejar caer a aquéllos sobre los que pendía esa amenaza. Eso fue lo que hubo una vez. Por falta de masa monetaria, las instituciones públicas intentan desembarazarse de estas obligaciones. El estado social es un estado agónico. Y con él, también agoniza la política social.

A lo social se le impone ahora la economía de mercado. La economía de mercado es en sí asocial, dado que no trata a los seres humanos según sus necesidades y deseos, sino que se sirve de ellos según su valor social, es decir, según su capacidad de [aportar a la] (re)valorización [del capital]. No acerca a los seres humanos entre sí, los enfrenta. No es la condición de humano lo que caracteriza al sujeto burgués sino la de ser vendedor y comprador. Capacidad de vida significa capacidad de negocio. Se enfrentan en el mercado enmascarados por sus mercancías.

La pobreza como oprobio o: ¡muerte a los indigentes!

Pocas condiciones son más vergonzosas que ser pobre; ni enfermedades ni sufrimientos, ni siquiera la guerra con toda su amenaza es vivenciada como un oprobio. La pobreza sí. La pobrezamancilla. No es un mero rasgo externo en quien la soporta o, en realidad y más precisamente : no es una señal de advertencia, sino que es la esencia más íntima que marca a la persona. En una sociedad,dominada por el valor, el pobre sólo puede sentirse desvalorizado. La frase “la pobreza no es motivo de vergüenza” es decididamente falsa.

Que la pobreza indigne a uno hasta las náuseas es justo, pero desde que apareció aquel slogan “vuestra pobreza nos da náuseas”5 como desprecio a los pobres y no a la pobreza, quedó en evidencia que lo que expresa es la arrogancia de los que más tienen frente a los que “menos rinden”. La pobreza, un defecto de la sociedad aparece como un déficit de los afectados por la pobreza. Ahí andan algunos mal vestidos o sentados mendigando en las estaciones del metro y molestando a los turistas en las zonas peatonales. Molestan a ciertos círculos, no son fáciles de agrupar en contingentes ni de ser reubicados en otro lugar. Simplemente son molestos. ¿Porqué tenemos que someternos a verlos?

Ya la economía política clásica se rompía la cabeza pensando qué se debía hacer con los pobres. Sus elucubraciones nos recuerdan a los debates actuales sobre el supuesto parasitismo. David Ricardo decía: “Es una verdad indiscutible que no es posible asegurar comodidades y bienestar duradero a los pobres sin contar con el esfuerzo de la legislación para regular su crecimiento cuantitativo y limitar el número de los casamientos prematuros e irreflexivos, para lo cual se requiere contar con su propia colaboración. El efecto de la legislación sobre pobres fue directamente contrario a esto” 6. O sea que según esto: a los pobres hay que mantenerlos cortitos.

Y un contemporáneo de Ricardo, su contrincante y amigo, un cierto Thomas Malthus escribía: “Dado que la población aspira indefinidamente a sobrepasar los medios de subsistencia, la beneficencia resulta una locura, una arenga pública en pro de la miseria. Por eso el estado no puede hacer otra cosa que abandonar la miseria a su destino y, a lo sumo, aliviar la muerte de los miserables. Al respecto, decía Marx: “Con esta teoría tan humana, el parlamento inglés considera que la pauperización sería la miseria producida por los mismos obreros, a la que por eso, adelantándose a una desgracia, cabe antes bien someterla, castigarla como a un delito. (…) Por fin la miseria es considerada como la culpa de los miserables y como tal [debe ser] castigada.” 7 Todo esto, ¿no suena muy moderno?

Fútil e inútil

La medida de los exponentes burgueses (tanto personas como cosas) es el dinero. Expresa el poder individual en el mercado. “Es natural que en nuestra sociedad el dinero siga siendo el parámetro de valor para la propia persona”, dice la encuestadora Helene Karmasin. “En el campo profesional, el estado de la cuenta bancaria rige como expresión cualitativa (sic!, F.S.) sobre la persona”8.

¿Cómo debe sentirse uno de tomar en serio algo semejante? Pero lo que ahí se manifiesta es el punto de vista dominante – ni más ni menos – y, en general, se lo toma muy en serio, puesto que es serio. La mala verdad de la sociedad dice: lo que ganas expresa lo que mereces. Y dicho en el sentido de lo que a uno le corresponde. El ingreso es como la fracción de un billete que regula la participación social. Y eso se siente. Aun cuando no se lo capte, uno ya ha sido captado, incluso verdaderamente capturado. Respecto al dinero Robert Musil hace decir: “Es violencia espiritualizada, una forma especial, dúctil, altamente desarrollada y creativa de la violencia. No se basa acaso el negocio en astucia y coacción, en ventajismos y aprovechamiento, sólo que éstos están barnizados de civilización y transferidos a la interioridad del ser humano, sí, justamente como apariencia de su libertad?”9 Cuando en la obra más conocida de Arthur Miller uno de los hijos del viajante dice a otro: “El problema es que no hemos aprendido a ir tras el dinero”10 , enuncia el defecto principal, pero no el de la sociedad que lo exige, sino el de los individuos que en cualquier circunstancia están librados al arbitrio de ella.

Es grave que los seres humanos no valgan nada, pero peor aún es que deban valer; que una abstracción económica – ¡el VALOR! – sea lo que domina esta sociedad y prescriba el orden jerárquico de sus miembros. Que ellos deban manifestarse en esa escala, como si fuese una obviedad. Cada decisión de compra es la expresión de esta coacción. El dinero dimensiona el poder dispositivo que ejerce.

Ante el dinero todos los humanos son iguales, pero a través del dinero reciben diversas valorizaciones. Por cierto que la diferencia monetaria debe ser sometida a una crítica radical. Pero precisamente una radicalidad que se conjugue con un ajuste de cuentas tan abarcativo que incluya las diferentes valoraciones de la actividad humana. Son las condiciones las que deben ser tematizadas, no meramente sus excrecencias. La crítica a las diferencias de ingresos (no como inefable debate sobre privilegios) debe ascender hacia una crítica del ingreso hasta incluso una crítica del trabajo y el dinero. De quedar donde está, se convierte en el terreno fértil que posibilita enmascarar la cuestión social como un evento populista. El juego “¿a quién le quitamos algo?” tiene rasgos canibalísticos.

Mientras tanto, en la actualidad no se critica el dinero , sino que se lo reclama. A menudo suelen ser dos actitudes fundamentales las que caracterizan a muchos sujetos burgueses. Primero, el fantasma dinero: Dinero hay suficiente. Segundo el fantasma de la equidad y justicia: Uno mismo siempre recibe demasiado poco dinero. A partir de la articulación de estas convicciones, extrañas pero resistentes, le sigue entonces la proyección de que debe haber alguien que injustamente acapara demasiado. Alguien es culpable, demasiado voraz buscando privilegios, saquea los recursos sociales etc. – Muchos quieren protegerse de la competencia estigmatizando a otros competidores en el mercado y en lo social (extranjeros, parásitos sociales, burócratas, políticos, bancos, especuladores, judíos) y quieren excluirlos o desplazarlos para apartarlos de la competencia y de las prestaciones sociales. Quieren asegurar su estatus social o mejorarlo clamando por la desvalorización política de otros grupos. A la selección en el mercado se le oponen selecciones alternativas. Los sujetos competidores persiguen a los sujetos competidores como chivos expiatorios.

Por cierto que la competencia canibalística no sólo existe de individuos contra individuos, fábrica contra fábrica, supermercado contra supermercado, localización contra localización, estado contra estado, sino también, y de manera creciente, como un tironeo demencial de entidades públicas por el botín del ciudadano. A veces esto acarrea consecuencias no deseadas, pequeñas o mayores averías. Puesto que de donde algunos se sirven, no pueden hacerlo los otros o hasta por ley son obligados a generar una compensación. Las zonas disputadas ocupan un ámbito tras otro. En la actualidad estamos viviendo el arrinconamiento de los nichos y zonas protegidas. Es inaceptable que el mundo entero se convierta en una mercancía” o que ¡todo deba convertirse en mercancía!

Desocupado, desvalorizado

En el capitalismo, lo que no rinde está condenado a hundirse.También por eso, desde el punto de vista de la economía, la gente que no rinde no sirve para nada.Y cada vez más caen las barreras que impedirían que se los persiga como superfluos.El mercado laboral y la política tratan a los afectados ostensiblemente como elementos criminalizados.Desocupado significa des-valorizado.En primer lugar ya no se puede vender y por eso tampoco puede comprar (o sólo muy poco) y, segundo, eso implica también una inmensa pérdida de dignidad y aceptación.El concepto “sin ocupación/sin profesión“ pone aún más en evidencia que quien no puede seguir el ritmo de la competencia comercial no puede salir bien parado. Pero ésa es la exigencia principal a todos los miembros de esta sociedad. La desocupación se entiende como nulidad social, es degradación y declasistización. No son ni siquiera proletarios. “No soy nada!” “¡No va!” “¡No seré nada!” Así se lo siente, así se presenta, así es efectivamente. Pero entiéndase bien, es aquí y ahora, bajo las leyes del capital que no sólo determinan la mera estructura sino también el pensamiento y los sentimientos. La consecuencia es una actividad extensiva de los sujetos, dinamizados para ser explotados (y desvalorizar a otros) para no sucumbir. Las exigencias desmesuradas se transforman en desmesurada autoexigencia. El criado es su propio amo con el que no le separa distancia alguna puesto que ya conviven en el mismo pellejo. Impera la domesticación a través del autodominio.

Al enunciar la pregunta “¿Qué eres?” o “¿Qué quieres ser” se está expresando lo que a uno debe interesarle en primer término: la posición social alcanzada o aspirada. No se trata de él o de ella misma, sino de la función, del rol, de la carrera. Nada eres, si no eres nada. Entonces aquí el problema es que ha surgido una biomasa que devora pero no es explotable. Ella debe ser alimentada. Y esto en el capitalismo, al igual que todas las otras cuestiones, es un tema de costos. ¿Podemos permitírnoslo? Lo insoportable no es una respuesta cualquiera, ya lo insoportable es que una pregunta de estas características pueda plantearse. Es una pregunta del tipo de : devorar o ser devorado.

La ley del darwinismo social, es decir la del garrote, sostiene: A los que no pasan se los pasa al otro lado. Sus vidas no valen la pena, es decir son vidas sin valor de vida. Esta doble acepción expresa una identidad digna de temer . Decodificada correctamente la expresión alemana “lebenswert” (digno de vivir) no significa otra cosa que vida para el valor, lo cual implica: deber llevar una vida bajo el signo del valor, pero también poder llevarla . Es tramposo el vocabulario que utilizamos.

Angustia y des-aseguramiento

En esta sociedad se impone que la administración afectiva emocional y la administración del ingreso sean congruentes. La descalificación en el mercado, el acoso en las agencias intermediarias del mercado de trabajo, eso y muchas otras cosas más destruyen al ser humano. En la sociedad burguesa el temor a la desvalorización es la angustia principal, pero también el impulso negativo del individuo. El miedo funciona como una espina en la carne de los sujetos mercancía, que cargan consigo para colocar en el mercado su equivalente en valor. “¡Intercambio, luego existo!”, así reza el grito primigenio del sujeto en el mundo capitalista.

La angustia se torna el sentimiento preponderante, reprimido, pero cada vez más difícil de reprimir. Angustia por el puesto de trabajo, angustia por recibir pedidos [de trabajo], angustia por la pérdida de la transferencia social, angustia por los pagos no realizados o no recibidos, angustia de poder mantener el status, angustia por la competencia, angustia por las exigencias de la pareja, los hijos, los parientes y conocidos. Todos y todas están bajo la presión de ser transformados en valor. Esta angustia hace que los humanos se tornen ásperos y desaprensivos. La angustia degrada la vida, la torna amarga. La angustia es mala compañía y mal consejero. Obliga a la adaptación, a la sumisión y a la humillación. El capitalismo es el sistema de la angustia organizada.

Cuando las cuentas no cierran o sólo de vez en cuando, puede seguirle la apatía o agresión, por lo menos si no existen perspectivas de salida. Lo incontrolable, incontabilizable e inadmisible de las condiciones se abre paso; pero no para una toma de conciencia sobre las mismas sino que para muchos individuos simplemente se vuelven insoportables. Las descargas a modo de reflejo ocurrirán con mayor frecuencia. Lo insoportable-incomprensible tiende a un golpe de liberación falso.

La elaboración psíquica de las exigencias exageradas suele estar al mismo nivel de éstas. Los amenazados amenazan. Los eliminados eliminan. Las víctimas victimizan. Los acosados acosan. Eso es lo que han aprendido. En eso están entrenados. ¿Porqué tendrían que tener de pronto otras intenciones? Éstas siguen funcionando al mismo nivel de la disfunción [internalizada]. Son sujetos de la competencia sin posibilidades de imponerse. ¿Pero entonces qué cabe hacer cuando los últimos hilos del tejido social se han desgarrado? ¿Comprarse una soga? ¿Seguir intentándolo una y otra vez? ¿Entregarse al destino? ¿Capitular? ¿Emborracharse? ¿Asaltar las agencias de empleo o las legislaturas provinciales y tirotear a diestra y siniestra? Los afectados por las descompensaciones quieren descompensar para compensarse. El coma se convierte en amok.

Por cierto que la angustia no es aprobada. Se mira a quien está angustiado como un debilucho. La angustia secundaria es la angustia a angustiarse. Estamos viviendo en una situación en la que la gente se angustia sin que se le permita sentirla. La negación, la autorepresión [Verdrängung] no sólo domina en la competencia, sino que también domina la psiquis de los competidores. Nada es más letal que este anestesiamiento de la existencia. Estoy absolutamente decidido a luchar por admitir la angustia, porque de otro modo temo que aquéllos que no soportan más sus miedos, se abalancen hacia el cajón de los falsos deseos. Ya esto, de por sí, es bastante angustiante. Vivimos en forma permanente los ejercicios en esa dirección .

La angustia aumenta donde las seguridades disminuyen. Así como el fordismo, co-moldeado esencialmente por el movimiento obrero en Europa, es considerado como el intento de los reaseguros sociales, hoy estamos viviendo en los tiempos de sus quites, es decir de los des- aseguros. Sobre todo las condiciones de ocupación llamadas atípicas nos deparan cada vez más situaciones de precariedad. El sujeto calculador no puede confiar en nada, excepto en el hecho de que él debe cubrir sus gastos con sus ingresos. Sin embargo cada vez menos se da la correspondencia entre ellos en forma directa. El sujeto calculador, en consonancia con su situación incalculable, se torna imprevisible. Cada vez es más esporádico ver a comienzos del mes un monto fijo en la cuenta bancaria. Lo típico es la caída tendencial de los pagos regulares en la vida comercial, al igual que la alta fluctuación de los ingresos de los llamados “autónomos”. Entre quienes trabajan como freelance es bien conocido el alivio que se siente cuando en la cuenta , de pronto, aparece una transferencia.

La quita de seguridades es señal de la conmoción estructural en sus cimientos, no simplemente la consecuencia de relaciones de fuerza desafortunadas, sino la expresión de un sistema en descomposición que cada vez menos puede garantizar algo o brindar prestaciones, e incluso traduce ahora esta evidente incapacidad en una irritación positiva. “La prevención tiene fundamentalmente prioridad ante la previsión y ayuda”11, se dice en el Programa de Gobierno del partido conservador Partido Popular Austríaco y del derechista Partido Libre de Austria del año 2000. Cada uno debe ver cómo se las arregla. Cada uno forja su propia desgracia, anuncia el pensamiento positivo.

Los sujetos des-asegurados pueden sobrevivir en todo caso si ellos mismos actúan en forma desconsiderada; deben volverse pequeños monstruos competitivos si no quieren ser expulsados de los (nuevos) mercados. Al sujeto de la sociedad burguesa, llamado ciudadano libre, no le está permitido un respirar libre sino un jadeo asmático. Crece la angustia de ser atropellado. Por eso hay que ser rápido, astuto y ladino. Pero sobre todo, desconsiderado. Todos contra todos también implica: no confiar en nadie, nadie confía en uno. “El dinero destruye la amistad”, dice un inteligente refrán. Y la vida está llena de tales experiencias.

Des-asegurado significa por lo tanto más que estar inseguro (no estar asegurado o no seguro), desasegurado implica también que los sujetos flexibles están bajo tensión, están cargados, deben estar dispuestos a disparar el arma en la lucha, por lo menos disparar para bajar a los competidores. El instrumentario que se les impone es agresivo. Des-asegurado describe un estado en el que los que han perdido las seguridades devienen en generadores de inseguridad. Tienden a reacciones imprevisibles. “Se le saltaron los fusibles12”, suele decirse en lenguaje coloquial o: “Se me quemaron los fusibles”. En el extremo de estos procesos están la formación de bandas y los homicidas amoks con sus asesinatos indiscriminados. Existe el peligro de que cuando la explotación y su manejo no puedan seguir siendo garantizados, la sociedad burguesa se desgrane en una “guerra civil molecular” (Hans-Magnus Enzensberger), que la comunicación humana se concentre en su núcleo de violencia.

Polos de violencia

El concepto “exaltado” me parece sumamente apropiado para describir ciertas formas en las que transcurre el proceso de degradación social y la limitada resistencia que genera. El exaltado quiere demostrar incluso mediante una inclusión alternativa (p.ej. robo) su pertenencia a través de un hecho impropio. Intenta enfrentar la exclusión brutal mediante una inclusión branquial. Eso nada tiene que ver con emancipación, sino con regresión y, encima una que legitima adicionalmente al poder, en tanto vehiculiza el deseo de proceder contra ésta y cualquier otra alteración.

Los ladrones comunes como los organizados sólo están con reservas fuera de la ley , no cabe mitificarlos como rebeldes. Hacen algo afuera para poder quedar adentro. Chantajean y roban para poder comprar. En determinado momento niegan algo para luego , en otro momento referirse a lo mismo aseverándolo. Glorifican la propiedad privada, de la que quieren apoderarse. Desde el punto de vista histórico, aparecen como seguidores tardíos de la llamada acumulación primitiva.

La ruptura del tejido social se evidencia como amplificador de la energía delictiva. La predisposición a la violencia se incrementa donde fallan los mecanismos políticos y sociales. Deteriorado significa que, si bien algo puede seguir existiendo, tiene escasas condiciones para seguir desarrollándose. Concebiría entonces así el estado general de la sociedad. Una sociedad deteriorada produce seres deteriorados. Una unión de deteriorados con el fin de deteriorar se denomina banda (pandilla, patota). La banda es la inversión práctica de la emancipación. Conoce consecuencias pero no perspectivas. La predisposición a la violencia no tiene como meta derrocar, ostenta carácter usurpatorio. La meta es el botín.

En tiempos en que todo debe ser privatizado, la violencia también se privatiza. Los polos de violencia disuelven y reemplazan los monopolios de violencia. Aquéllos funcionan como miniestados tercerizados, tal como debe afianzarse una identidad substancial entre el Estado y la banda. Los Estados son bandas en gran escala. Las bandas no conforman sólo el fermento de los estados, ellas son también su última guarida. Veamos el pago obligatorio de protección. No significa más que la privatización del impuesto y la prestación social. En vez del monopolio fiscal tenemos ahora polos fiscales, como en vez del monopolio de la violencia tenemos polos de violencia. Al interior, la banda funciona según determinadas reglas, lo que nos vuelve a recordar a su hermano mayor, el Estado. Que todos roben a todos, no lo aguanta banda alguna, y menos juntas. Aunque las bandas son entramados frágiles. Expuestas constantemente a los procesos de erosión son conglomerados de consistencia y duración limitadas.

Resistencia o insurrección

La impotencia grita: “No tenemos posibilidad alguna, pero la aprovechamos”. En realidad es una frase estúpida, el capital no dice algo distinto a sus sometidos. Aunque por una parte el anhelo de cada uno se basa en primera instancia en las posibilidades individuales reales, por el otro lado niega la realidad de posibilidades para todos. El número de los que no tienen ninguna posibilidad crece a medida que las posibilidades desaparecen. Por cierto que la cruda desesperanza parece ser aún peor que las falsas esperanzas. Una verdadera perspectiva surge recién cuando uno se enfrenta a la desesperanza y el desconsuelo de la existencia en el capitalismo, sin negarlos pero tampoco aceptarlos como destino. Una vez que este horizonte ya no se vea como el límite, es posible que se abra uno nuevo. Y esto rige para todos, no sólo para los que son atropellados, sino también para los que atropellan.

¿Que tienen en común los grandes industriales con los que viven de la ayuda social y los ladrones? Pues que todos quieren dinero. Ahora bien, quisiera transformar esta pregunta complementaria en una pregunta decisiva. Se trata de que todos no quieran seguir así. Aquí está la ruptura paradigmática: No se paga. No se compra. No se (re)valoriza. Se requiere un pensamiento negativo. Lo que cabe es cooperación en vez de competencia. El espíritu de la emancipación comienza allí donde cuestiona y se cuestiona la apetencia elemental de dinero. El juego de exclusión e inclusión comercial debe ser superado. Si bien no constituyen los lemas del día, sí son exigencias de este tiempo, incluso o precisamente porque la acción cotidiana se ve distinta. La “gran negación”, como la llamó Marcuse, debe tornarse pensable. Debemos poner fin a pensar los bienes como mercancías y a los seres humanos enmascarados en su alienación. En última consecuencia se trata de la descomercialización, de la descomodificación y la desmonetarización de todas las relaciones societales.

La categoría de resistencia es en cambio problemática. Es un concepto inherente y no uno transformacionista. Resistencia política significa presionar contra lo que a uno lo presiona. La resistencia es una resultante de lo que la genera. Por lo tanto es parte constitutiva de un paralelogramo de fuerzas inmanentes y sólo se mueve también en ese plano. Es reacción, es un oponerse a; se trata de un primer paso, pero nada más. La resistencia no se dirige contra el juego, sino que al contrario, quiere posicionarse mejor en el juego. Incluso es destructiva la lucha de intereses por la distribución económica en la sociedad. Lo que pugna como necesidad inmediata se vuelve una trampa ideológica porque mediante la afirmación de la forma no se capta teóricamente la destructividad general por lo que ésta queda prácticamente indemne. La resistencia divide las condiciones de su confrontación como condicionamientos indisolubles, no quiere suprimirlas. No es resistencia lo que se requiere, sino insurrección. No: No queremos soportar, sino: queremos instalar lo que nos gusta. ¡Resistencia implica reacción, insurrección significa acción!

Discutir sobre las perspectivas es debatir en el nivel de lo que queremos y no en la esfera estatal permitida de lo que se puede hacer. Una potencia radical transvolucionaria (y está en duda también si a ésta debe pensársela como movimiento social) debe plantear interrogantes, no dejar que se los planteen. Menos importante parece en efecto la pregunta de cómo se legitima una insurrección. Como enorme puesta está más allá de criterios obligatorios. Mucho más importante es deslegitimar el capitalismo. “La cuestión de la legitimidad debe más bien invertirse de antemano transformándola en ofensiva. Cuando el ordenamiento capitalista ya no prevé la reproducción social, que razón existe entonces para rendir tributo a su lógica? El pensamiento emancipatorio no comienza allí donde las personas, por respeto a la vaca sagrada del dinero, se olvidan de las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética y fantasean con que ‚ hay suficiente dinero’‚ para imaginarse como los mejores maquinistas de la fábrica general capitalista. El pensamiento emancipativo elimina, antes que cualquier otro, el paradigma de la financiabilidad como criterio de todos los criterios”13.

Uno no debería cargarse demasiado con justificaciones éticas. Los criterios de lo permitido no caben ser debatidos en base a las categorías burguesas, en especial sus prohibiciones no son guía de acción y mucho menos premisas morales. Donde la normalidad burguesa deviene en lo anormal humano está la potencia de la transvolución, lo gigantesco en conciencia y acción. La violencia es un factor que no debe ser reprimido, sobre todo uno no debe entregarse a los actos de fe, sino hacer de la violencia (oculta) imperante el objeto de la crítica. La liberación de la violencia no debe traducirse como reconocimiento del monopolio de la violencia. Si bien la liberación de la violencia es un objetivo incondicional, sólo es un medio condicionado, uno no puede apoyarse exclusivamente en él. No sería correcto. Uno estaría entonces frente a las escalaciones violentas futuras en una situación de total incomprensión y desamparo. El intento permanente de incidir satisfactoriamente en todos los conflictos sociales, significa también tener presente que, por su misma dinámica, no siempre se logra ese cometido.

El problema básico es empero que la oposición social no se cansa de seguir pensando que siempre se puede seguir accionando basándose en el valor y dinero, en el trabajo y la democracia, en el estado social y de derecho, en libertad y justicia, siempre y cuando sean las personas correctas las que están al mando. Permanentemente sigue creyendo en la intervención política, hasta en la gran Fundación de Política.“La racionalidad política es precisamente racionalidad política, porque piensa dentro de los límites de la política. Mientras más aguda,mientras más vital, está menos capacitada para contener las debilidades sociales”14, escribía el joven Marx, y Engels precisaba: “Pero la mera democracia no es capaz de curar los males sociales. La igualdad democrática es una quimera, la lucha de los pobres contra los ricos no puede conseguirse en absoluto con la lucha en el terreno de la democracia o de la política”15.

Notas:

1 Ernst Lohoff: Zur Dialektik von Mangel und Überfluss, krisis 21/22 (1998), S. 57..[Sobre la dialéctica de carencia y excedente]

2 Herbert Marcuse: Un ensayo sobre la liberación, México: Mortiz, 1968.

3 Wolfgang Pohrt, Brothers in Crime. Die Menschen im Zeitalter ihrer Überflüssigkeit. Über die Herkunft von Gruppen, Cliquen, Banden, Rackets und Gangs, Berlin 1997, S. 83. [Brothers in Crime. Los humanos en la era de su superflualidad. Acerca del origen de grupos, cliques, bandas rackets y pandillas]

4 Herbert Marcuse:Un ensayo sobre la liberación, México: Mortiz, 1968.

5 N.d.T.: Referencia al texto en obleas y postales supuestamente humorísticas que circularon años atrás cuando el neoliberalismo comenzó a imponerse.

6 David Ricardo: Principios de economía política y tributación. Ediciones Pirámide, 2003.

7 Thomas Robert Malthus; cit. de Karl Marx, Glosas críticas marginales al artículo „El Rey de Prusia y La Reforma Social por un prusiano”, Ed. Etcétera, Barcelona 1977.

8 Der Standard, 05.01.1997.

9 Robert Musil: El hombre sin atributos, Seix Barral, 2006.

10 Arthur Miller: La muerte de un viajante, Barcelona : Océano, 1998.

11. Cit. según Emmerich Tálos, Vom Siegeszug zum Rückzug. Sozialstaat Österreich 1945-2005. Innsbruck-Wien-Bozen 2005, S. 60. [De la marcha triunfal al repliegue. Estado social Austria 1945-2005]

12 N.d.T.: En alemán “fusible” deriva de seguro.

13 Ernst Lohoff, Out of Area – Out of Control. Warengesellschaft und Widerstand im Zeitalter von Deregulierung und Entstaatlichung, Streifzüge, Nummer 32, November 2004, S. 16. [Out of Area – Out of Control. Sociedad de mercancías y resistencia en la era de la desregulación y desestatización, Revista Streifzüge, N° 32, Nov. 2004…]

14 Karl Marx, Glosas críticas marginales al artículo „El Rey de Prusia y La Reforma Social por un prusiano”, Ed. Etcétera, Barcelona 1977.

15 Friedrich Engels: La situación de la clase obrera en Inglaterra, Madrid: Júcar , 1980.

 

Antítesis

Para quien no se conforma existe el peligro de que se tenga por mejor que los demás y de que utilice su crítica de la sociedad como ideología al servicio de su interés privado. Mientras trata de hacer de su propia existencia una pálida imagen de la existencia recta debiera tener siempre presente esa palidez y saber cuán poco tal imagen representa la vida recta. Pero a esa conciencia se opone en él mismo la fuerza de atracción del espíritu burgués. El que vive distanciado se halla tan implicado como el afanoso; frente a éste no tiene otra ventaja que la conciencia de su implicación y la suerte de la menuda libertad que supone ese tener conocimiento. El distanciamiento del afán es un lujo que el propio afán descarta. Precisamente por eso toda tentativa de sustraerse porta los rasgos de lo negado. La frialdad que se tiene que mostrar no es distinta de la frialdad burguesa. Incluso donde se protesta yace lo universal dominante oculto en el principio monadológico. La observación de Proust de que las fotografías de los abuelo de un duque y de un judío resultan a cierta distancia tan parecidas que nadie piensa ya en una jerarquía de rangos sociales toca un hecho de un orden mucho más general: objetivamente desaparecen tras la unidad de una época todas aquellas diferencias que determinan la suerte e incluso la sustancia moral de la existencia individual. [Reconocemos la decadencia de la cultura, y sin embargo nuestra prosa, cuyo modelo fue la de Jacob Grimm o Bachofen, se asemeja a la industria cultural en giros de los que no sospechamos. Por otra parte hace ya tiempo que no conocemos el latín y el griego como Wolf o Kirchhoff.] Señalamos el encaminamiento de la civilización hacia el analfabetismo y desconocemos cómo escribir cartas o leer un texto de Jean Paul como debió leerse en su tiempo. Nos produce horror el embrutecimiento de la vida, mas la ausencia de toda moral objetivamente vinculante nos arrastra progresivamente a formas de conducta, lenguajes y valoraciones que en la medida de lo humano resultan bárbaras y, aun para el crítico de la buena sociedad, carente de tacto. Con la disolución del liberalismo, el principio propiamente burgués, el de la competencia, no ha quedado superado, sino que de la objetividad del proceso social constituida por los átomos semovientes en choque unos con otros ha pasado en cierto modo a la antropología. El encadenamiento de la vida al proceso de la producción impone a cada cual de forma humillante un aislamiento y una soledad que nos inclinamos a tener por cosa de nuestra independiente elección. Es una vieja nota de la ideología burguesa el que cada individuo se tenga dentro de su interés particular por mejor que todos los demás al tiempo que, como comunidad de todos los clientes, sienta por ellos mayor estima que por sí mismo. Desde la abdicación de la vieja clase burguesa, su supervivencia en el espíritu de los intelectuales —los últimos enemigos de los burgueses— y los últimos burgueses marchan juntos. Al permitirse aún la medicación ante la nuda reproducción de la existencia se comportan como privilegiados; mas al quedarse sólo en la meditación declaran la nulidad de su privilegio. La existencia privada que anhela parecerse a una existencia digna del hombre delata esa nulidad al negarle todo parecido a una realización universal, cosa necesitada hoy más que antes de reflexión independiente. No hay salida de esta trampa. Lo único que responsablemente puede hacerse es prohibirse la utilización ideológica de la propia existencia y, por lo demás, conformarse en lo privado con un comportamiento no aparente ni pretencioso, porque como desde hace tiempo reclama ya no la buena educación, pero si la vergüenza, en el infierno debe dejársele al otro por lo menos el aire para respirar.

Minima Moralia, Th. W. Adorno

 

Orgías del progreso

“Dado que la gente tiene cada vez menos inhibiciones, o no demasiadas, sin estar por ello ni una pizca más sana, un método catártico cuya norma no fuera la perfecta adaptación y el éxito económico tendría que ir encaminado a despertar en los hombres la conciencia de la infelicidad, de la general y de la propia e irremediable derivada de la primera, y a quitarles las falsas satisfacciones en virtud de las cuales se mantiene en ellos con vida el orden aborrecible que externamente da la apariencia de no tenerlos en su poder”.

 

 

Ciudad ganada

 

Hacia las diez, la calle se animaba débilmente. Algunas personas se precipitaban de repente hacia tareas imperiosas, necesarias, urgentes, fatales. Iban deprisa, semejantes en su diversidad, uniformes y cuero negro, hombres y mujeres idénticos, jóvenes o sin edad, llevando bajo el brazo portafolios atiborrados: expedientes, decretos, actas, tesis, órdenes, mandatos, proyectos absurdos, proyectos grandiosos, papeleo insensato y quintaesencia de voluntad, de inteligencia y de pasión, primeros esbozos precisos de lo que será, todo es en menuda escritura Underwood o Remington, todo eso para la tarea y el universo, más dos galletas de papa y un rectángulo de pan negro para el hombre cargado de fardos. A esa hora también regresaban friolentos y nerviosos, con caras amarillentas extrañamente arrugadas, pero sintiendo mezclarse a su fatiga un supremo aflujo de energía, los que habían cumplido los quehaceres de la noche.

—Victor Serge