Diarios de cuarentena / 5 al 9 de mayo

El ir, o la búsqueda del ideal, de lo que creemos que es mejor, nos da la sensación de que estamos progresando, de que estamos avanzando hacia un mundo mejor. Pero este movimiento no es un movimiento en absoluto porque el fin se ha proyectado a partir de nuestra miseria, confusión, codicia y envidia. Así que este fin, que se supone que es lo contrario de lo que es, es realmente lo mismo que lo que es, es engendrado por lo que es. Por lo tanto, crea el conflicto entre lo que es y lo que debería ser. Aquí es donde surge nuestra confusión y conflicto básicos. El final no está allí, al otro lado del muro; el principio y el final están aquí.

Krishnamurti

¿Qué predomina, tu propia ansiedad o tu visión actual de lo que está alrededor tuyo? Si predomina el miedo, entonces, no puedes ver lo que realmente está pasando a tu alrededor porque el miedo es oscuridad y en la oscuridad no puedes ver absolutamente nada.

La etimología de la palabra crisis nos indica que se trata del punto decisivo en el progreso de una enfermedad, ahí donde las cosas mejoran o empeoran. El término proviene de krinein que significa “separar, decidir, juzgar”. Este momento, entonces, se trata de un punto culminante: ha llegado la hora de hacerle el juicio final a la civilización mercantil.

Ahora bien, aunque queda más o menos claro qué significaría que “las cosas empeoren”, no lo es tanto qué implicaría que mejoraran. Es evidente, sin embargo, que un retorno a la vieja apariencia de la supervivencia solo serviría para extender tortuosamente las condiciones que produjeron la crisis en primer lugar. La imaginación sometida al condicionamiento patriarcal capitalista es estrecha.

Hay quienes dicen que la imaginación deforma lo que es, por muy orgullosxs que estemos de la imaginación y la especulación: “La mente especulativa no es capaz de transformarse, no es una mente revolucionaria. Todas sus acciones surgen del pasado porque sigue el limitado juego de sus patrones y proyecciones”.

Lo que ha sido asfixia la aparición de lo nuevo. Salir de esta prisión yace en percibir lo que es.

Diarios de cuarentena / 28 de abril al 2 de mayo

la necesidad implica, a trechos, la fundamental contradicción con un límite con que tropieza; la inadecuación a la intrínseca totalidad alimenta la dialéctica del nacer y el morir. Es la simultaneidad de la presencia y la ausencia del todo o del universo, el mismo tipo en cierto modo utópico de presente que impulsa a lo «finito» a rebelarse contra su estado.

Ernst Bloch, El pensamiento de Hegel

Aunque el horizonte hoy parece cerrarse, otros imaginarios se abren paso.

¿Cómo extraer de estas circunstancias adversas la clarividencia que, aquí y ahora, nos permitirá distinguir entre los caminos de la mercancía y aquellos de la vida? ¿Es posible transformar el agobio de no pertenecernos a nosotrxs mismxs, la impotencia para modificar las condiciones de saqueo existencial, en una fuerza catalizadora de otro fin de mundo?

Parece que durante mucho tiempo hemos estado viviendo en el mundo sin realmente sentirlo. La casa se quema y seguimos yendo al trabajo, teniendo hijxs, emborrachándonos, etc. como si nada de esto estuviera pasando. Mirado desde lejos, no está claro si esto es locura o un impulso de vida. Más bien parece la inercia de la supervivencia.

De pronto, en medio del pánico, nos damos cuenta de que somos mortales. Siempre lo supimos: todos vamos a morir. Pero ahora parece que podría ser este mes. ¿Qué puede enseñarnos esta conciencia?

Como todo sentimiento, el miedo que hace brotar la administración político-económica de la pandemia es una función corporal. Por un momento, el sujeto económico, estructuralmente desconectado de sus sentimientos en nombre de la productividad, vuelve a entrar en contacto consigo mismo y con la realidad. No es un aterrizaje fácil, pero de nuestra capacidad para vivir en el cuerpo, para reconocer sus sentimientos y necesidades reales (no las que impone el mercado), depende nuestra capacidad para transmutar la historia inhumana que nos ahoga en la realización de lo humano que todavía late en nosotrxs.

Diarios de cuarentena / 21 al 25 de abril

Un viejo futuro: todas vigiladas por las máquinas de la gracia divina

Cuanto más se elige la propia humillación, más se «vive»; más se vive la vida preparada de antemano de las cosas. En esto consiste la astucia de la reificación, lo que la hace pasar como el arsénico en la mermelada.

Raoul Vaneigem, Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones

La administración político-económica de la pandemia demuestra que apenas es capaz de mitigarla y, antes bien, busca forzarnos a la adaptación. Deja a la vista que, a pesar de todo el terrorismo ideológico sobre el progreso, el cambio real es inconcebible. La «nueva normalidad» se reduce al enema de siempre: seguir (tele)trabajando para empobrecernos, retomar los peregrinajes a las catedrales de consumo para obtener lo mínimo para la supervivencia, volver a encerrarnos en nuestro metro cuadrado. Y así como no cabe el cambio tampoco cabe la memoria viva de los muertos y torturados que ha dejado la intensa actividad del cartel Estado-capital en los últimos meses, como una vez más lo demuestra el actuar represivo de sus asesinos a sueldo este 1º de mayo.

Los notables están aprovechando este momento de pánico para reconstruir su autoridad, que venía siendo peligrosamente cuestionada en la práctica por las masas insurrectas del mundo. Aparentan que «están ahí», que toman decisiones informadas y que lo hacen por «nuestro bien». Algunos robots de la competencia capitalista, presa de la psicosis, están dispuestos a obedecerlos y a obligar a otros a obedecer. ¿Cómo protegernos de este otro virus más duradero y mortal, la epidemia de la servidumbre voluntaria, al que el poder y la inercia del dinero pretende condenarnos?

Diarios de cuarentena / 14 al 18 de abril

Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: “Esto no puede durar, es demasiado estúpido”. Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan…

Albert Camus, La peste

La máquina de explotación global amenaza con colapsar si está detenida por mucho tiempo. El capital, como relación social de producción, es precisamente la compulsión del dinero que debe convertirse en más dinero a cualquier precio: ya sean millones de hectáreas ardiendo por meses o millones de vidas de marginados económicos y proletarixs compelidos a volver a sus puestos de trabajo en medio de la amenaza de muerte de una pandemia.

Es una necesidad vital encontrar formas de reproducción social que estén más allá de esta socialización totalitaria.


Diarios de cuarentena / 7 de abril al 11 de abril

Fuimos creados para vivir en el paraíso, el paraíso estaba creado para estar a nuestro servicio. Nuestro destino ha sufrido un cambio, no así el del paraíso.

Franz Kafka

Los enormes monumentos sociales y personales que sostienen precariamente el sistema de explotación y opresión de la sociedad civilizada amenazan con hundirnos a todos en su naufragio si no aprendemos a soltarlos ahora. El miedo y la culpabilidad que despiertan su agonía son la contracara del miedo a la vida que infunde en los sujetos que la ponen en marcha y de la represión de las pulsiones vitales en nombre de las demandas de la productividad. La administración que los Estados hacen de la crisis, cuyas medidas apenas aseguran la sobrevivencia de la existencia corporal, hoy más que nunca demanda sumisión total. Pero ¿en qué se distingue este “no morir” de nuestra precaria existencia? Ahora que ya no queda nada a lo que aferrarnos, ¿nos resignaremos a la miserable moneda del sometimiento o aprehenderemos esa riqueza de la humanidad que aún debemos descubrir? Una consciencia que penetra hasta los huesos prepara el camino para lo nuevo. Enfrentadas a lo que nos agota y destruye, las fuerzas vivas en cada una de nosotras nos llaman a nacer.

Diarios de cuarentena / 31 de marzo al 4 de abril

Los viejos creyentes no quieren permitirle a nadie que elija la vida que desea llevar, quieren que vosotros trabajéis para ellos y estéis contentos con la fe que os inculcan los doctores.

Luther Blisset, Q

La crisis es total. El desenvolvimiento de la pandemia no deja dudas sobre el desmoronamiento uno a uno de los pilares que sostenían el viejo edificio de la separación. En el naufragio, las coacciones que imponía la civilización mercantil son puestas en cuestión por la propia realidad que de pronto aparece desprendiéndose de sus cualidades intercambiables, las apariencias de lo vivo. Se abre una brecha donde caben otros mundos posibles. Solo la apropiación de estas condiciones podrá acabar con la guerra social del capital. Es en la vida cotidiana, y no en el plano económico o político, donde, en última instancia, se juegan nuestras posibilidades contra la decadencia civilizatoria. Lo humano no proviene de la máquina, sino del corazón.

Diarios de cuarentena / 21 al 28 de marzo

Prioridades del Estado de Chile durante los primeros días del manejo de la pandemia.

They say that history repeats itself. But history is only his story. You haven’t heard my story yet. My story is different from his story. My story is not part of history, because, history repeats itself, but my story is endless. It never repeats itself. Why should it? A sunset does not repeat itself. Neither does the sunrise. Nature never repeats itself. Why should I repeat myself? (1)

Sun Ra, A joyful noise

La pandemia y la administración que los Estados del mundo hacen de ella nos revela una vez más el estado de catástrofe que engendra la sociedad organizada en torno al dinero, el trabajo asalariado, el “trabajo del amor” (no-trabajo doméstico y de cuidados) y la producción de mercancías. Pero todo momento de descomposición puede ser visto como una oportunidad de ajuste y como condición para una nueva experimentación. El órgano enfermo pide atención, no morfina.

Notas

  1. Una traducción posible: Dicen que la historia se repite a sí misma. Pero la historia solo es su historia. No han escuchado mi historia todavía. Mi historia es diferente de su historia. Mi historia no es parte de la historia, porque, la historia se repite a sí misma, pero mi historia es infinita. El atardecer tampoco se repite. La naturaleza nunca se repite a sí misma. ¿Por qué debería repetirme?


Otro fin de mundo es posible

Entre 1984 y 1989, Chile importó 20,000 toneladas de desechos tóxicos (plomo, arsénico, mercurio) de la compañía Boliden en Suecia, causando muertes y enfermedades en las comunidades de Arica, principalmente en niños. Actualmente, los mega-proyectos de extracción continuan dejando fuertes estelas de contaminación a lo largo del territorio dominado por el Estado chileno.

El siguiente artículo fue escrito como respuesta a la invitación de la revista Disentir, de México. A continuación reproducimos la primera parte. El artículo completo puede ser descargado aquí.


Otro fin de mundo es posible

Burning down the house

Es el año 2020 y la humanidad arde sobre una pila de basura creada por ella misma (1). Su situación pareciera no alejarse demasiado de lo que hace 500 años retrataban los cuadros de pintores flamencos como Pieter Bruegel o Hieronymus Bosch, pero todas las alegorías de la catástrofe quedan cortas ante el profundo sentido de desesperación que caracteriza a la civilización que sus nobles sociedades nos heredaron. La cotidianidad nos acorrala, ¿qué queda por hacer?

Uno de los mayores descubrimientos teóricos de la modernidad, junto con la teoría de la evolución o la relatividad, entre otros, ha sido el del inconsciente (2). Tal como soñamos de manera incontrolable, así también hacemos y decimos cosas en nuestra vida cotidiana que no determinamos o controlamos conscientemente. Estas ocurren como resultado de mecanismos que operan en un nivel más profundo al que nos es difícil acceder intelectual o racionalmente. Nadie puede verse la nuca, ni morder sus propios dientes.

Las teorías sobre lo inconsciente se desarrollaron más o menos en el mismo periodo que las teorías sobre la alienación y la ideología, todas corresponden a una misma época de producción y reproducción social. El mundo estaba cambiando rápidamente entonces y la narrativa del progreso, obnubilada por sus infraestructuras y gadgets, parecía no estar demasiado interesada en el cómo ni en el por qué. Las cosas avanzaban a su propio ritmo.

Ahí donde el psicoanálisis vio un comportamiento neurótico preso de una falsa conciencia, la crítica de la economía política —otro de los desarrollos teóricos revolucionarios de la época— vio un “sujeto automático” programado para su autodestrucción. Desde luego, eso no quiere decir que inconsciente y fetichismo de la mercancía (3) sean equivalentes. El hecho es, más bien, que el último es una manifestación del primero. Un rasgo que sí comparten es que ambos tienen sus propias “reglas”, que van mucho más allá de lo que cualquiera de nosotrxs es capaz de controlar conscientemente (4).

Es esta inercia la que produjo la montaña de basura sobre la que nos estamos autoinmolando. ¿Desde cuándo? Parece que desde tiempos inmemoriales. Casi no alcanzamos a distinguir desde cuándo sufrimos tanto y esa es una prerrogativa muy peligrosa para quienes temen al cambio. “La guerra es parte de la naturaleza humana” dicen algunos con total naturalidad mientras desprecian como un resabio “primitivo” el que culturas alrededor de todo el mundo veneren la tierra como a una madre. Luego, al constatar la poca diferencia que existe entre los contemporáneos de Gilgamesh y la brutalidad militarizada, los fanáticos, los explotadores y los explotados del siglo XXI, resulta tentador ponerse a hablar de una condición “transhistórica” de la humanidad, de una naturaleza humana. El terror solo aumenta cuando comprobamos que esta sentencia se repite también a lo largo de nuestras propias biografías: ¿cuándo hemos sido realmente dueñxs de nuestro destino? El mal-estar que provoca la mercantilización de la realidad, sin embargo, no es endémico de nuestra especie.

La vida de todxs está permanentemente siendo saqueada por unos pocos. La historia nos ha entregado pruebas suficientes de cómo y por qué, así como pistas claras sobre cómo evitarlo. ¿Por qué entonces una parte de nosotrxs mismxs se rehúsa a aceptar algo que en otros tiempos era de sentido común como, por ejemplo, que somos parte de nuestro entorno? Por miedo, entre otras cosas. Por miedo a perder su “propiedad”, sus “privilegios”, sus “razones”. El Ego patriarcal y mercantilista de nuestra civilización está aferrado a una serie de imágenes e ideas abstractas que garantizan su dominación concreta; siente un miedo profundo a soltar sus identificaciones, aún cuando son falsas y/o autodestructivas. Esas imágenes e ideas se defienden por la fuerza de las armas o las razones de Estado (5).

Enfrentados a la grandeza oceánica de “lo que no saben” —es decir, lo que está más allá de sus propias identificaciones, conocimiento o propiedad— los cretinos que detentan el poder huyen desesperados en dirección a la nada y nos arrastran con ellos. Lo único que importa es huir. Si puede ser en un yate o una transbordador espacial, tanto mejor.

En el mundo al revés esta huida aparece en las ciencias y en la política internacional como una institucionalización de la “conciencia de la catástrofe”. No por casualidad, desde finales de los sesenta, se multiplican los tratados y conferencias consagrados a regular la “actividad humana” sobre el medio ambiente: durante esta época se comienzan a observar las primeras catástrofes a escala planetaria asociadas a la producción industrial transnacionalizada (6).

De hecho, a pesar de que los efectos devastadores de la empresa capitalista vienen siendo padecidos por las sociedades que le sobreviven desde sus albores, el reconocimiento de ello se manifiesta hoy solo como una extensión del circo de los burócratas y activistas de la “sustentabilidad”, mientras las catástrofes se suceden una tras otra.

Desde la Conferencia de Estocolmo de 1972 hasta la COP25 de 2019, cada uno de estos eventos se agota en una recombinación de declaraciones de principios, agendas y planes de acción que pretenden domesticar la irracionalidad de la producción y el consumo capitalistas dentro del Estado, dentro de la política que la hace posible.

La causa por el “desarrollo sostenible” (7) nos quiere hacer pagar los costos de la reconversión de las industrias a “fuentes de energía renovables”, o sus prácticas social y ambientalmente “responsables”, sin poner fin a la apropiación sistemática de los explotadores de la potencia de las fuerzas naturales (y humanas). En otras palabras, sometiendo una vez más las necesidades humanas y las condiciones de la vida planetaria a las necesidades del sujeto automático.

A nivel de la vida cotidiana esto último lo podemos observar en las incesantes transformaciones del valor que, en su carrera por aumentarse a sí mismo, arrasa con todo a su paso (8). Lo que, en los términos espaciales y sociológicos de hoy, se conoce como gentrificación se ha vuelto una de las manifestaciones más flagrantes de este proceso para los habitantes de las áreas urbanizadas del mundo (9). Pero lo cierto es que solo quienes siguen presos de la moral culpabilizante de la época —esa que obliga a expiar el pecado de la existencia a través de la obligación de trabajar, de consumir, de militar— están dispuestos a pagar ese precio.

Siguiendo una lógica que solo profundiza las contradicciones, la humanidad desesperada inventa nuevos pedestales desde los que saltar al vacío:

Estamos a punto de conectar el mundo físico al internet: el planeta y todo lo que está sobre este se volverán cosas en la ‘Internet de las cosas’. Y no solo páginas web acerca de las cosas. Lo que quiero decir es que, literalmente, todas las cosas que encontramos en nuestra vida cotidiana, las máquinas y los electrodomésticos que usamos en nuestros trabajos y en el hogar, los edificios en los que vivimos y los autos en los que nos desplazamos, e incluso nosotros mismos, nos volveremos parte del ‘Internet de las cosas’ (10).

Los promotores del desarrollo sostenible hoy celebran las posibilidades abiertas por la microelectrónica. Un fantasma ronda las conferencias de los tecnócratas verdes: el de la planificación racional. La expectativa es que con la total existencia desdoblada de la naturaleza en internet sea posible gestionar un uso eficiente de los “recursos naturales”, resolver los problemas de desplazamiento de mercancías, ajustar la “brecha” entre la oferta y la demanda, etc. Emerge otra relación de la sociedad con su entorno caracterizada por la planificación espacial, el control, de los flujos (flujos de mano de obra, de capitales, de automóviles, de energía, de materias primas, etc.) y sus conexiones.

Aunque desde finales del siglo XIX se sabe que la revolución industrial está detrás del creciente deterioro del ambiente, hoy, en una nueva aplicación desesperada del principio deus ex machina, se espera que sea otra revolución industrial la que nos salve. La consigna es la de siempre “el desarrollo de las fuerzas productivas os hará libres”.

(…)


Notas

  1. La temperatura promedio global ahora es 1º C más alta que al comienzo del siglo pasado. Así, a medida que ciertas partes de la tierra se secan, los incendios aumentan en probabilidad e intensidad. Durante el 2019, se quemaron más de 20 millones de hectáreas considerando solo los megaincendios del Amazonas y Australia. El mundo literalmente se está transformando en un infierno con zonas cubiertas por llamas de manera permanente.
  2. Descubrimientos para los occidentales, pero no necesariamente para la humanidad. De un tiempo a esta parte, la arqueología y otras ciencias que estudian el pasado humano, han podido constatar que civilizaciones previas a la judeo-cristiana occidental, incluso ya extintas, tuvieron un alto grado de desarrollo del conocimiento respecto de los fenómenos naturales (ya sean terrestres o más allá de la tierra), físicos y químicos (del cuerpo humano y la materia), como de cuestiones que van más allá de la materia (espiritualidad, psicología, etc.). Paradigmático resulta el caso de la tradición tántrica, por ejemplo. La genialidad de los avances registrados hacia finales del siglo XIX consistió no solo en el contenido de las observaciones, sino quizá sobre todo en la capacidad de articularlas en el lenguaje de la ciencia y la modernidad. No se puede decir lo mismo de la economía política, cuya crítica consistía y estaba determinada justamente por una especificidad histórica.
  3. “El sujeto no es el hombre sino la mercancía en cuanto sujeto automático. Los procesos vitales de los hombres quedan abandonados a la gestión totalitaria e inapelable de un mecanismo ciego que ellos alimentan pero no controlan. La mercancía separa la producción del consumo y subordina la utilidad o nocividad concretas de cada cosa a la cuestión de cuánto trabajo abstracto, representado por el dinero, ésta sea capaz de realizar en el mercado”. Anselm Jappe, “Las sutilezas metafísicas de la mercancía”, 2016, disponible en aquí.
  4. En la teoría psicoanalítica el inconsciente no tiene un carácter negativo. De ahí que el proceso terapéutico que propone involucre como gran motivo el volver consciente lo inconsciente, transformar el Id en Ego, algo que podría resumirse como un profundo sentido del darse cuenta. No porque se vuelvan evidentes los conflictos ocultos en el inconsciente, sino porque el inconsciente aporta una cantidad de información que el contenido ficticio, engañoso e ideológico de la consciencia es incapaz de reconocer por sí solo, limitando su propia percepción de la realidad.
  5. Para mayor información consultar: “Por la razón o la fuerza”, s.f. En Wikipedia disponible aquí; Julio Cortés, “La Ley de Seguridad del Estado como instrumento de represión política” 2020. Disponible aquí.
  6. Por ejemplo, la de Torrey Canyon en 1967. El catastrófico hundimiento de este buque petrolero propiedad de la corporación liberiana Barracuda Tanker Corporation —una subsidiaria de Union Oil Company of California bajo el control de British Petroleum—, introdujo al mundo a la devastación de los derrames transnacionales al verter alrededor de 164 millones de litros de petróleo en las costas de Inglaterra y Francia. Todos los intentos de limpiar el derrame probaron ser inútiles. Se intentó remover el petróleo quemándolo con napalm, se lo intentó hundir con explosivos, luego se intentó lavarlo con decenas de miles de toneladas detergente y eso incluso intensificó los niveles de toxicidad para el ecosistema marino. “En ese momento pensamos que estábamos haciendo un buen trabajo porque el petróleo estaba desapareciendo”, recuerda Gerald Boalch, biólogo marino de la Marine Biological Association del Reino Unido que estuvo implicado en el evento, “pero algunos colegas hicieron pruebas de laboratorio y se dieron cuenta de que el petróleo se estaba volviendo incluso más tóxico para la vida marina porque se hizo soluble y, por lo tanto, más organismos lo podían incorporar en sus sistemas”.
  7. Planteado por primera vez en la conferencia de Río de Janeiro de 1992.
  8. Ver: Karl Marx, El capital. Libro 1, capítulo VI (inédito). D.F.: Siglo XXI, 2009.
  9. En el contexto de lo que la academia llama “urbanización planetaria” el fenómeno de la gentrificación sobrepasa los límites oficial de las áreas urbanas.
  10. John Barrett, The Internet of Things: Dr. John Barrett at TEDxCIT , 2012. Disponible aquí.