Diarios de cuarentena / 28 de abril al 2 de mayo

Aunque el horizonte hoy parece cerrarse, otros imaginarios se abren paso

la necesidad implica, a trechos, la fundamental contradicción con un límite con que tropieza; la inadecuación a la intrínseca totalidad alimenta la dialéctica del nacer y el morir. Es la simultaneidad de la presencia y la ausencia del todo o del universo, el mismo tipo en cierto modo utópico de presente que impulsa a lo «finito» a rebelarse contra su estado.

Ernst Bloch, El pensamiento de Hegel

¿Cómo extraer de estas circunstancias adversas la clarividencia que, aquí y ahora, nos permitirá distinguir entre los caminos de la mercancía y aquellos de la vida? ¿Es posible transformar el agobio de no pertenecernos a nosotrxs mismxs, la impotencia para modificar las condiciones de saqueo existencial, en una fuerza catalizadora de otro fin de mundo?

Parece que durante mucho tiempo hemos estado viviendo en el mundo sin realmente sentirlo. La casa se quema y seguimos yendo al trabajo, teniendo hijxs, emborrachándonos, etc. como si nada de esto estuviera pasando. Mirado desde lejos, no está claro si esto es locura o un impulso de vida. Más bien parece la inercia de la supervivencia.

De pronto, en medio del pánico, nos damos cuenta de que somos mortales. Siempre lo supimos: todos vamos a morir. Pero ahora parece que podría ser este mes. ¿Qué puede enseñarnos esta conciencia?

Como todo sentimiento, el miedo que hace brotar la administración político-económica de la pandemia es una función corporal. Por un momento, el sujeto económico, estructuralmente desconectado de sus sentimientos en nombre de la productividad, vuelve a entrar en contacto consigo mismo y con la realidad. No es un aterrizaje fácil, pero de nuestra capacidad para vivir en el cuerpo, para reconocer sus sentimientos y necesidades reales (no las que impone el mercado), depende nuestra capacidad para transmutar la historia inhumana que nos ahoga en la realización de lo humano que todavía late en nosotrxs.