Ajuste de cuentas con la historia a cargo de Archie Shepp

Creemos que las formas musicales del jazz deben ampliarse para incluir un conjunto de nuevas circunstancias artísticas, sociales, culturales y económicas.  A algunos puede que les parezca extraño que la palabra jazz sea mencionada en el contexto de la sociedad y la economía, sin embargo es innegable que los mismos orígenes de esta música y todo su desarrollo posterior están enraizados en ciertas condiciones materiales. Los field hollers[1], el spiritual[2], el blues, cada uno cumplió una función específica en situaciones existenciales muy difíciles y dolorosas. Hoy sabemos que las letras de ciertos spirituals  algunas veces sirvieron como alarma, llamada a las armas, o llanto furioso por el sufrimiento a la vez que gesto de liberación del opresor. Una gran parte del blues es una extensión de este argumento.

Más tarde, cuando los instrumentos musicales reemplazaron la voz humana, la autenticidad poética y el comentario social dieron paso a una forma musical más “pura”. Esta forma musical se desarrolló mucho más rápido que la parte hablada, la prosa de la música. El que un arte popular se transformara en arte nacional y luego en arte universal se debe en gran parte a la plasticidad y amplitud de las sonidos con respecto a los conceptos. Ahora era posible escuchar solo la música, sin la rigidez que estos provocan. El que escucha podía elegir rechazar o identificarse con lo que quisiera.

Puede decirse que los negros (a través del jazz) le dieron a América un indulto algo intranquilo y, como resultado de esta concesión, desarrollaron una forma de arte que puede decirse más “Americana” que cualquier otra. La cruz de nuestra conciencia es el conocimiento del pasado y una nacionalidad precaria. Para nosotros, la música es funcional y estética. El artista dice juzgar la vida, enjuiciarla, aceptarla y rechazarla en nombre de todos. En un mundo complejo y casi siempre dolorosamente injusto, nosotros tomamos el desafío que esta sociedad propone e intentamos una respuesta a través de nuestra música, utopía concreta, potencia de lo todavía no realizado. Nosotros estamos con los poetas de los campos. Solo las sutilezas del lenguaje han cambiado.  Todavía nos acompaña el mismo anhelo esencial de dignidad sobre la desesperación.

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[1] Los Gritos de campo, o Field holler, eran las canciones de trabajo de los negros esclavizados en Estados Unidos: trabajadores de ferrocarriles, molinos y campos de algodón. Se dice que la traducción de estas canciones a la notación de la música clásica resultó tan compleja para ciertos investigadores universitarios que estos tuvieron que recurrir a la representación en un gráfico de la frecuencia de vibración  y el tiempo de canto, a la vez que grababan la imagen del cantante, para poder entender (en sus términos) la música.

[2] El Espiritual negro es un tipo de canto basado en adaptaciones de himnos cristianos  de los esclavos convertidos desarrollado también en Estados Unidos.

Henri Lefebvre y los situacionistas

La relación entre Henri Lefebvre y los situacionistas es tan conocida como incomprendida. A pesar de que ambos reconocieron influencias mutuas su vínculo pasó a la historia más por los escándalos que rodearon la ruptura que por los productos de su encuentro, del cual quedaron pocos registros. Al repasar la obra de ambos, sin embargo, se puede constatar que la colaboración estuvo lejos de ser funcional o superficial, y que, por el contrario, el que discreparan en tantos frentes está directamente relacionado con el hecho de que compartían un vasto terreno común en sus aproximaciones teóricas.

La siguiente entrevista puede ser relevante por tres razones. En primer lugar, permite adentrarse en la historia de esta polémica relación a través de uno de sus protagonistas, quien se encarga al mismo tiempo de exponer sus propios alcances y limitaciones teóricas. En segundo lugar, trae a colación un “lado b” de los situacionistas —y en particular de Debord— que sus detractores no dejan de utilizar como recurso crítico (moral), y al que sus simpatizantes suelen hacer la vista gorda: la supuesta naturaleza sectaria, vanguardista y elitista que pesa sobre el grupo. Y por último, permite asomarse brevemente, pero a través de una rendija muy bien ubicada, a un momento histórico y a un lugar geográfico en el que las ideas y las prácticas revolucionarias parecian encontrarse en un sustrato lo suficientemente fértil como para propagarse por fuera de las instituciones y las ideologías.

Esta última razón nos parece la más relevante. En un momento histórico como el nuestro, en el que las instituciones y las ideologías parecen haber vuelto con más fuerza que nunca, el adentrarnos críticamente en la vida cotidiana de otros periodos más fértiles para la humanidad puede permitirnos observar y entender nuestra propia situación con un poco más de perspectiva. Sobre todo cuando los protagonistas de esos momentos tuvieron la lucidez y energía suficiente para tomar nota acusiosamente.

 

Lefebvre y los situacionistas

Pequeño Atlas Peso Pesado

marcus8

 

Sometimes I wake up with a headful of dust / A veces me despierto empuñando polvo
Rust never sleeps, but sleep, does it rust / El óxido nunca duerme, pero el sueño, se oxída?

Every day I die from a different disease  / Todos los días me muero de una enfermedad diferente
I don’t wanna smile the same old cheese / No me quiero bancar el mismo cuento de siempre
I don’t wanna smell it, I don’t wanna sell it / No quiero leerlo, no quiero venderlo
There’s gotta be more that can put me at ease / Tiene que haber algo más que me deje piola

Sometimes I get hired / Algunas veces me dan pega
Sometimes I get fired / Algunas veces me la quitan
And sometimes I crack / Y otras me quedo pegado
Well, sometimes I feel like I’d wish to fire back / Bueno, algunas veces siento que me gustaría pegar de vuelta

Hell no, I didn’t know / Mierda no, no tenía idea
I didn’t hear the news / No me enteré de las noticias
Well no, I didn’t go / Bueno no, no fui
I didn’t know what to choose / No sabía qué elegir
Hell no, I didn’t know / Mierda no, no tenía idea
I didn’t hear the news / No me enteré de las noticias
Well no, I didn’t go / Bueno no, no fui
I didn’t know what to choose / No sabía qué elegir

I had to save some whales / Tenía que ir a salvarme ballenas
There’s football on T.V. / Ah, es que hay futbol en la tele
This time I’ll send a check, / Esta vez te pago al contado
I couldn’t find my keys  / No encontré las llaves

I guess I was too tired / Supongo que estaba cansado
My bike just had a flat / Se me había pinchado la rueda de la bici
I didn’t have the money, someone stole my hat / No tenía plata, me robaron el gorro

I had to see the doctor’s / Tenía que ir al doctor
Not done yet with this mag / Todavía no me termino la revista
I thought you’d call me first, where did I leave my bag? / Pensé que me ibas a llamar tu, donde se me quedó la bolso?

I got struck in traffic / Me quedé pegado en el taco
I couldn’t get time off / No me pude arrancar de la pega
Wasn’t it tomorrow? / ¿No era mañana?
I was hungry for a laugh / Tenía hambre de reirme

Sometimes I get hired / Algunas veces me dan pega
Sometimes I get fired / Algunas veces me la quitan
And sometimes I crack / Y otras me quedo pegado
Well, sometimes I feel like I’d wish to fire back / Bueno, algunas veces siento que me gustaría pegar de vuelta

Hell no, I didn’t know / Mierda no, no tenía idea
I didn’t hear the news / No me enteré de las noticias
Well no, I didn’t go / Bueno no, no fui
I didn’t know what to choose / No sabía qué elegir
Hell no, I didn’t know / Mierda no, no tenía idea
I didn’t hear the news / No me enteré de las noticias
Well no, I didn’t go / Bueno no, no fui
I didn’t know what to choose / No sabía qué elegir

 

Little Atlas Heavyweight, The Ex

En el metro

Notas psicogeográficas de Metal Guru

El vagón del metro se detiene en lo que parecen eternos minutos, a mitad de camino entre la estación Bilbao y terminal Tobalaba. Alguna gente ya se ha especializado en el arte de dormir de pie, o a lo menos quedar en estado de semi-meditación profunda con los ojos cerrados, anclada en los pies y afirmándose en lo que se pueda: pasamanos, otros fierros, otras personas, asientos…Dos veces más el tren parte y vuelve a detenerse casi de inmediato. Alguna gente se empieza a desesperar, yo incluido, pero no pasamos de suspiros fuertes y miradas a todo nuestro entorno con cara de “qué mierda pasa”. El silencio es impactante. Pienso: ¡ningún  escolar estaría tanto tiempo quieto y en silencio! ¿O me equivoco? El tren sigue quieto, y todos mudos, y me digo: he aquí la evidencia concreta del tremendo éxito del sistema, de su socialización represiva, del disciplinamiento totalizante y permanente de mentes y cuerpos humanos que muy probablemente ya no tengan ninguna capacidad de revuelta y de hecho es muy probable que ya no sirvan prácticamente para nada. El tren finalmente sigue, para parar casi altiro en la estación terminal y abrir las puertas a una cantidad impresionante de proletas posmos que se desplazan a diestra y siniestra haciendo las combinaciones que la sociedad del Capital requiere para que cada uno de nosotros llegue luego a sus destinos a producir, lo que sea, pero producir. Es verdad que de cuando en cuando algunos burgueses suben al metro, pero por lo general eso pasa sólo en la Línea 1. El ambiente azota las narices con aroma de medialunas cristalizadas en azúcar y café barato de máquinas también posmodernas: este sistema no funciona a esa hora sin tales drogas legales. Yo palpo mi pipa en un bolsillo de la camisa, y sueño con el momento en que pueda al fin asomarme al parque, ver el sol, sentarme en un banco, y estirar el tiempo de no-trabajo a lo menos 5 minutos más porque…la vida no es eterna en 5 minutos pero…¿qué más nos queda por ahora?

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Tomado de http://punkfreejazzdub.blogspot.ca

El sótano de la conciencia: sobre la naturalización del orden social burgués

[Addendum #5 / 2&3Dorm#0 – “Contra la no vida”]

“El principio de rendimiento (1) que es el que corresponde a una sociedad adquisitiva y antagónica en constante proceso de expansión, presupone un largo desarrollo durante el cual la dominación ha sido cada vez más racionalizada: el control sobre el trabajo social reproduce ahora a la sociedad en una escala más amplia y bajo condiciones cada vez más favorables. Durante un largo tiempo, los intereses de la dominación y los intereses del conjunto coinciden: la provechosa utilización del aparato productivo satisface las necesidades y facultades de los individuos. Para una vasta mayoría de la población, la magnitud y la forma de satisfacción está determinada por su propio trabajo; pero su trabajo está al servicio de un aparato que ellos no controlan, que opera como un poder independiente al que los individuos deben someterse si quieren vivir. Y este poder se hace más ajeno conforme la división del trabajo llega a ser más especializada. Los hombres no viven sus propias vidas, sino que realizan funciones preestablecidas. Mientras trabajan no satisfacen sus propias necesidades y facultades, sino que trabajan enajenados. Ahora el trabajo ha llegado a ser general y, por tanto, tiene las restricciones impuestas sobre la libido: el tiempo de trabajo, que ocupa la mayor parte del tiempo de vida individual, es un tiempo doloroso, porque el trabajo enajenado es la ausencia de gratificación, la negación del principio del placer. La libido es desviada para que actúe de una manera socialmente útil, dentro de la cual el individuo trabaja para sí mismo sólo en tanto que trabaja para el aparato, y está comprometido en actividades que por lo general no coinciden con sus propias facultades y deseos.

Sin embargo —y este punto es decisivo—, la energía instintiva que es desviada así no se suma a los instintos agresivos (sin sublimar) porque su utilización social (en el trabajo) sostiene e inclusive enriquece la vida del individuo. Las restricciones impuestas sobre la libido se hacen más racionales conforme son más universales, conforme cubren de una manera más completa el conjunto de la sociedad. Operan sobre el individuo como leyes externas objetivas y como una fuerza internalizada: la autoridad social es absorbida por la «conciencia» y por el inconsciente del individuo y actúa de acuerdo con sus propios deseos, su moral y para su satisfacción. Dentro del desarrollo «normal» el individuo vive su represión «libremente» como su propia vida: desea lo que se supone que debe desear; sus gratificaciones son provechosas para él y para los demás; es razonable y hasta a
menudo exuberantemente feliz. Esta felicidad, que tiene lugar en parte durante las horas de ocio entre los días o las noches de trabajo, pero también algunas veces durante el trabajo, le permite continuar su actuación, que a su vez perpetúa su trabajo y el de los demás. Su actuación erótica es puesta en la misma línea que su actuación social. La represión desaparece en el gran orden objetivo de las cosas, que recompensa más o menos adecuadamente a los individuos sometidos y, al hacerlo, reproduce más o menos adecuadamente a la sociedad como conjunto.”

Eros y civilización, Herbert Marcuse.

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(1) Marcuse denomina como principio de rendimiento a la forma en que las relaciones sociales de producción se organizan en el capitalismo. A través de este la sociedad es estratificada de acuerdo al desempeño económico de los individuos en el mercado.

Crónica de Santiago

[Addendum #4 / 2&3Dorm#0 – “Psicogeografía / Cris Corn /Tocopilla”]


Otro Ingenio de los desposeídos

1. Jueves, cuatro de la tarde. Avenida Portales hacia la feria que ya se desarma. Con un carro recogemos lechugas cuyo exterior no es apetitoso para los criterios del comercio. Tomates, duraznos, melones y paltas magulladas; zanahorias, pepinos, betarragas, choclos en perfecto estado. El negocio de la noche: Hamburguesas de soya y vegetales. Lugar: Tocata punk. “La semana pasada estuve vendiendo en la Plaza Brasil. Quedé corto. Hice como 15 lucas”, comenta Claudio. Si calculamos a 500 pesos cada sándwich, vendió 30, y podría haber vendido más.

2. Un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, calcula que unos 1.300 millones de toneladas de alimentos se tiran a la basura, cantidad comparable a todos los alimentos que se producen en el África subsahariana. En Europa y Estados Unidos son 95-115 kilos por habitante cada año. En los países pobres o en ‘vías de desarrollo’, las causas del desperdicio están relacionadas con las limitaciones de refrigeración y la mala gestión alimentaria. En el caso de los industrializados, las pérdidas son por el errático comportamiento de los consumidores, que acumulan alimentos hasta su vencimiento.

3. Claudio vive en el centro de Santiago. Jueves o domingo va al último suspiro de la la feria y recoge las frutas y verduras que los comerciantes descartan. No es el único, por cierto. La práctica tiene antecedentes en la economía de las okupas y en iniciativas individuales. Con eso, varias personas se alimentan en su casa y el excedente se convierte en cubos frutales de hielo, sándwiches y empanadas vegetarianas, que se venden en la calle o en actividades diversas.

4. Lunes. 23:30 horas. Maipú con Catedral, Santiago Centro. Entre bolsas y papeles, un espejo, ropa, y cartones, un apetitoso corazón de guitarra eléctrica, con cuatro cápsulas. Se recoge la ropa, el espejo y la guitarra. Se repara la sencilla conexión del plug, se prueba en el equipo. De valor cero a cinco mil pesos en la cola de la feria el domingo. Espejo y ropa suman mil pesos más. “Yo veo que buscar en la basura, reciclar, re-vender, es una manera de trabajar menos y vivir con lo justo, aunque más libre. Además reciclar ayuda a disminuir la cantidad de basura que hay en la tierra”, opina Claudio, consciente que es más fácil hacerlo cuando no se tiene hijos que alimentar y educar.

5. No se puede olvidar que la forma en que se conciben estas prácticas tienen que ver con la conciencia individual, el nivel de educación y el núcleo familiar. Por eso, para algunos es la única salida. “Ahora nos ganamos la vida en la feria”, dice Mónica, peruana llegada hace dos años a Santiago. Junto a otras mujeres, compran fardos de ropa usada en Estación Central y la re-venden en la cola de la feria. La prenda va de cien a dos mil pesos. También re-vende otros productos. “Tenemos hijos y familia. Nos gustaría tener un trabajo más estable, pero hay que sobrevivir con algo”. Dicha realidad no es exclusiva de los inmigrantes.

6. El llamado “freeganismo” –como “veganismo” pero con free, de gratis/libre- asume que en una economía basada en la sobre-producción y la ganancia, en todos los productos está latente el abuso de animales, de humanos y de recursos naturales, en todos los niveles de producción y distribución. Por eso, los freeganos bucean en la basura buscando alimentos (de preferencia, vegetales), vestimenta, productos reciclables, revendibles o útiles. Este estilo de vida o tendencia tiene una red mundial de coordinación llamada The Freecycle, con más de nueve millones de miembros. En Chile, hay grupos en Santiago y Viña del Mar. Buscan disminuir el desperdicio de productos de todo tipo, que puedan ser usados por otros, incentivando su donación.

7. En países ricos, la basura es mejor. Los freeganos podrán encontrar buenos menús a las afueras de los locales. En Santiago, superado el rechazo social a escarbar en la basura, los locales de la Plaza de Armas, los puestos en La Vega y el Mercado, contenedores a la salida de algún restorán del barrio alto o Lastarria, o la verdulería que está en Manuel Mont llegando a Providencia, ofrecen variadas alternativas de acuerdo al estómago. Se puede acordar con algún empleado o administrador consciente para que separe la comida de la basura, ya que inutilizarla es práctica habitual de las grandes empresas para controlar flujos de productos y sus precios.

8. Acelgas, tomate, apio, betarraga, limones, especias, ubicadas en 4 x 4 metros del jardín de una casa en la periferia de Santiago. Es la suerte del que tiene un trozo de tierra. Ellas ampliaron su taller de trabajo con botellas de vidrio, ladrillos ecológicos, PVC, tetrapack, y plumavit reciclado, logrando luz, aislación y mínimo gasto. Antes redujeron casi 100 mil pesos en chatarra metálica. Hoy recolectan latas de cerveza, cuyo valor bordea los cuatro mil 500 el kilo. Construyen percheros y accesorios con papel reciclado, venden comida y cubos de borgoña, que les reportan entre 100 y 150 mil pesos mensuales. “Yo tenía un trabajo fijo y me angustié cuando se acabó”, afirma María José. “Luego dije “veamos qué se hace”. Se nos quitó el miedo y, con esfuerzo, nunca hemos tenido que pedirle nada a nadie. Reciclamos por conciencia, primero. Y vivimos así, con más tiempo para dedicarnos a crear”, concluye.

9. Al lado de la parrilla, Claudio me da una brocheta de zapallo italiano, cebolla morada, zanahoria y tomate reciclados. Nos tomamos un vino con frutillas ídem. En la cocina, apilados, tentadores sándwiches. “Yo soy generoso, porque la recicla es generosa con nosotros. No hay pa’ qué ser canalla, no se trata de ganar, hay que vivir más tranquilo y sacarle el rollo al sistema”, dice. Luego toma la bicicleta y ahorra, no contamina, aporta a la actividad física y la salud mental. Cada reunión social se transforma en una oportunidad de vender o trocar, y en una fiesta para compartir.

Por Cristóbal Cornejo G. (2012)

 

Taylorismo.

[Addendum #3 / 2&3Dorm#0 – “Taylorismo”]
Cecil Taylor en Paris (1968).

1. El otro lado de la linea del tren.

Pregunta:
¿Qué tocaba tu padre? ¿Tu padre tocaba algún instrumento?

Taylor:
Tocaba ollas y sartenes.

Pregunta:
¿Tu madre tocaba?

Taylor:
¿Te refieres a la música? Bueno, todo es música, ¿no? La manera en la que uno cocina el pan, prepara los platos que comemos… puede ser algo que provoca a los sentidos a crear eso que coloreamos al llamar emociones.

Un instrumento es solo un objeto. La música viene de adentro. El instrumento es una herramienta que hace un lenguaje en particular.

Pregunta:
¿Qué estudiaste?

Taylor:
La gente.

El estudio hay que dividirlo en dos categorías: ese de la academia, y ese que viene de las areas que están comúnmente ubicadas al otro lado de la linea del tren. En este caso en particular las lineas del tren estaban ubicadas a las afueras de Boston en un pueblo llamado West Medford, y ahÌ yo escuché otras músicas.

Pregunta:
¿Había un conservatorio al otro lado de la línea del tren?

Taylor:
No. Nunca hay conservatorios al otro lado de la línea del tren.

Pregunta:
¿Qué había al otro lado de la línea del tren?

Taylor:
Mmm… pasto y árboles.

Pregunta:
¿No había gente?

Taylor:
Bueno, hay gente en todos lados, pero eso no es generalmente aceptado, pues el enunciado parece implicar que existirían las mismas condiciones… pero hay gente y hay gente.

Pregunta:
En ese caso, ¿qué piensas de la música de músicos como Stockhausen?

Taylor:
Él no pertenece a mi comunidad.

Pregunta:
¿Qué piensas de JS Bach?

Taylor:
Él tampoco pertenece a mi comunidad.

Pregunta:
¿Qué piensas de John Cage?

Taylor:
Él no pertenece a mi comunidad.

Una de estas personas puede vivir en Nueva York, pero no tenemos el mismo gusto. No leemos los mismos libros, no comemos la misma comida, no bailamos los mismos bailes. Mi comunidad, como dije antes, proviene del otro lado de la línea del tren.

Es necesario que hagamos algunas distinciones. Una cosa interesante que sucede es que aunque podamos vivir en el mismo tiempo o lugar no nos son concedidos los mismos medios que a otras personas se les conceden. Esto es verdadero, sin duda, en el plano económico, también es cierto con respecto a la educación y es evidentemente verdadero socialmente. Ahora, cualquier cosa que elija tomar, usar o a la que solo esté atraído, la realidad es que existe la separación. Esto es todo lo que intento decir.

Las personas llamadas negras o afroamericanas hemos tenido una situación muy particular de la que salir. Somos los hombres invisibles. El arte alimenta y nutre el espíritu y es esencialmente independiente en su forma final de negación.

2. El invento.

La música está preocupada de la manifestación de las aspiraciones, y eso tiene que ver con vivir. Esas músicas que considero negativas ya no las conozco.

La improvisación proviene formalmente de la tradición, y se vuelve una acción en la simultaneidad de las ideas y los sentimientos.

Técnicamente hay algunas cosas como que los dedos tienen que estar calientes para poder tocar. Hay una mínima cantidad de preparación necesaria para hacer esto. Para esta música en particular hay una situación mínima que debe suceder para… para establecer la emoción que tu quieres que ocurra.

A diferencia de la música escrita per se, la música de la jerarquía, de la tradición occidental, donde un hombre como Stravinsky podría ser considerado un dios, nosotros no nos vemos en la necesidad de mirar la nota que es un símbolo del sonido musical.

El problema con la música escrita es que divide las energías de la creatividad. En otras palabras, en lugar de que mi mente esté dividida mirando la nota musical, mi mente está escuchando la nota, tocando la nota, combinando la acción, haciendo una cosa de la acción. Escuchar es tocar, la música no existe en papel.

No separo las músicas. Siento que uno debe absorberlas. Digerirlas. Comerlas. Sí, el uso es… lo que sea que uno elija hacer con eso.

¿Cómo se puede componer sin reconocer la pertenencia a una tradición? Toda la música que he escuchado pertenece a una tradición.

Solo creo música para que sea escuchada, para cualquiera que quiera escuchar.

La pasión es la meta.

3. Ambitus.

Todos están sufriendo. Eso es lo que resulta tan raro. Todos.

Jimmy Lyons: el tono es una sugerencia… un material con el que empezar.

Andrew Cyrille: luego de que la melodía es… “introducida” comienza la sección improvisada. Con respecto al ritmo, a la batería, algunas veces unas melodías sugieren la improvisación y otras que algo se repita constantemente. Tendrías que escuchar diferentes melodías y piezas para entender verdaderamente lo que quiero decir. Por ejemplo, esta pieza en el comienzo me sugirió hacer ciertas cosas improvisadas y cuando algunos motivos fueron enunciados habían cosas más específicas por hacer. Podría volver a esas mismas cosas si la pieza fuera tocada nuevamente.

La improvisación es una cosa y otras cosas son otras cosas. Eso es obvio, ¿no? La improvisación significa cosas en particular a diferencia de una “forma preestablecida”… una forma en el sentido de, por ejemplo, la piel que cubre tu cuerpo. Lo que él dijo no implica que durante una improvisación él haría la misma cosa dos veces. Él simplemente señaló que al reconocer un motivo quizás haría la misma cosa. Un motivo. En esta pieza en particular hay distintos motivos, distintos motivos que son el mismo pero se tocan de diferentes formas. Pero por supuesto, incluso esta pieza tiene varias partes en el comienzo y eso que escuchaste es solo el comienzo. El punto es que tienes que entender esta música en los términos de la tradición del jazz que has escuchado antes, esto puede servirte de guía. El quehacer musical es un intento por encarnar todo lo que uno ha aprendido y experimentado como positivo. En otras palabras, uno va tratando de transformarse en algo más grande, más amplio, mejor, pues uno está preocupado de crear.

Yo no divorcio las teorías de los haceres. Si dije que la improvisación es una cosa significa que cuando toco es la misma cosa. Dije que la improvisación proviene formalmente de la pasión y es condicionada por el conocimiento. Siguiente pregunta.

 

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Tomado de: Les Grandes Répétitions.
Traducción/transcripción: JM / 2&3DORM

[Addendum #2 / 2&3Dorm #0 – “Vivienda social”]

 

“Así pues, las pretendidas soluciones de la ordenación urbana imponen a la vida cotidiana las obligaciones de la intercambiabilidad, presentadas como exigencias naturales (normales) y técnicas, a menudo como necesidades morales (los requerimientos de la moralidad pública). Lo económico, denunciado por Marx como la organización del ascetismo, incorpora todavía y siempre un orden moral. Propiedad “privada” implica vida privada, es decir, privatización. Lo que a su vez implica una ideología represiva en la práctica social y viceversa, disimulándose entre sí. La intercambiabilidad espacial no tiene lugar sin una cuantificación poderosa que se extiende por supuesto hacia los contornos del “hábitat” —el entorno, los espacios intermedios, los accesos y los equipamientos—. Las supuestas particularidades naturales —los sitios y los mismos cuerpos de los usuarios— desaparecen en medio de este proceso de homogeneización. La cuantificación aparentemente técnica es financiera en realidad y moral en esencia.

¿Desaparece entonces el valor de uso? ¿Esta homogeneización de fragmentos dispersos en el espacio, su intercambiabilidad comercial, implica la prioridad absoluta del intercambio y del valor de cambio? ¿Se definiría el valor de cambio por los signos del prestigio y el standing —por diferencias internas al sistema, reguladas por las relaciones entre las distintas localizaciones y el centro— de tal modo que el intercambio de signos absorbiera el valor de uso y reemplazara las consideraciones técnicas derivadas de la producción y de los costes de producción?

No, en absoluto. El adquiriente de espacio continúa comprando un valor de uso. ¿Cuál? No compra sólo un volumen habitable, conmutable con otros espacios, semiológicamente marcado por el discurso publicitario y por los dignos de cierta “distinción”. El adquiriente es tomador de una distancia, la distancia que liga su vivienda con los diferentes lugares, centros comerciales, centros de trabajo, de ocio, de cultura, de decisión. Aquí el tiempo entra de nuevo en escena aunque el espacio —a la vez programado y fragmentado— tienda a eliminarlo como tal. Ciertamente puede suceder que el arquitecto, el “promotor” o incluso el usuario compensen con los signos del prestigio, de la felicidad o del “estilo de vida” las  desventajas de un lugar determinado. Esos signos se compran y se venden pese a su abstracción y a su concreta insignificancia y sobre-sentido (por eso proclaman su sentido, la compensación). Su precio sencillamente se añade al valor de cambio real. Se compra un empleo de tiempo y este empleo de tiempo constituye el valor de uso de un espacio. El empleo de tiempo tiene sus pros y sus contras, pérdidas y ahorros de tiempo, algo más, pues, que signos: una práctica.  El consumo del espacio adquiere rasgos específicos. Difiere del consumo de cosas en el espacio pero no es una simple diferencia de signos y de significaciones. El espacio envuelve al tiempo. Cuando el espacio se escinde, el tiempo se aleja, pero no se deja reducir. A través del espacio se produce y reproduce un tiempo social, pero este tiempo social real se reintroduce con sus características y determinaciones (repeticiones, ritmos, ciclos y actividades). La tentativa de concebir el espacio por separado traduce una contradicción suplementaria, el esfuerzo para introducir por la fuerza el tiempo en el espacio y regular el tiempo a partir del espacio, tiempo reducido a un uso prescrito y sometido a una variedad de prohibiciones.”

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Extracto de “La producción del espacio”, cap. 5 – xvii, Henri Lefebvre.

 

MC0059477

 

The people will survive     /     La gente sobrevivirá
In their environment     /     En su medio ambiente
The dirt, scarcity, and the     /     La mugre, la escasez, y el
Emptiness of our south     /     Vacío de nuestro sur
The injustice of our greed     /     La injusticia de nuestra avaricia
The practice we inherit     /     La práctica que heredamos

The dirt, scarcity and the     /     La mugre, la escasez y el
Emptiness of our south     /     Vacío de nuestro sur
There on the beach     / Ahí en la playa
I could see it in her eyes     /     Lo pude ver en sus ojos
I only had a Corona     /     Sólo tenía una Escudo
Five cent deposit     /     Una botella vacía para canjear

 

Corona, Minutemen

 

 

Democracia y Capitalismo: los Panama Papers

En el artículo que sigue Slavoj Zizek se detiene en un momento específico: la contradicción entre democracia y capitalismo. El análisis crítico que nos propone encuentra, con mucha razón, un punto muerto en esto que para algunos no es realmente una contradicción; la relación entre la “organización política” de la democracia y el “modelo económico” del capitalismo, y vice versa.

Existen razones de peso para creer que cuando Guy Sorman afirma que “democracia y capitalismo necesariamente van juntos” está en lo correcto, aunque en su caso sea por las razones equivocadas.

Aún así, no necesitamos repasar esas afirmaciones inmediatamente. Por lo pronto, y siguiendo la misma invitación que hace Zizek, pareciera necesario cuestionar aquello que reluce a lo lejos en un altar como una ofrenda divina a la humanidad; y eso es no solo la “democracia-liberal”, sino que la democracia en general. De esta parte “incuestionable” de la realidad lo primero que debiera sorprendernos es, de hecho, su condición de incuestionable.

Creemos que, en términos históricos, el contenido de la democracia está definido por cuestiones que no hemos sido capaces de asumir. Tales cuestiones forman hoy parte de un debate que se está dando en la práctica social en el mundo entero, un debate que tiene la forma de una lucha asimétrica y cruenta. Sin embargo, hasta el momento la teoría ha sido incapaz de ponerse a la altura de esas luchas y cargarlas del contenido que se merecen. Las excepciones a esta regla confirman la pobreza del medio al que pertenecemos.

Capturar con astucia y claridad, como lo hace Zizek, un tipo de fenómeno sicológico de escala social que pocos logran reconocer y nombrar parece ser un gran paso, pero no es el último. La crítica a la ideología no se detiene hasta que se haya agotado la última gota del combustible que la alimenta, y no se hayan desintegrado todas las partes de la maquinaria que la mantiene en movimiento.

 


 

Explicando los papeles de Panamá o ¿por qué un perro se lame a sí mismo?
Por Slavoj Zizek

La única cosa verdaderamente sorpresiva acerca de la filtración de los papeles de Panamá es que no hay ninguna sorpresa en ellos: ¿no aprendimos acaso exactamente lo que estábamos esperando aprender de ellos? Sin embargo, una cosa es saber acerca de cuentas bancarias en el extranjero en general y otra cosa es tener una prueba concreta. Es como saber que tu pareja te está engañando. Uno puede aceptar el conocimiento abstracto de eso, pero el dolor emerge cuando se conocen los detalles. Y cuando uno obtiene una foto de lo que ellos hacían… Entonces ahora, con los papeles de Panamá, cargamos con las fotos de la pornografía financiera del mundo de los ricos y ya no podemos seguir pretendiendo que no sabíamos.

En 1843, el joven Karl Marx afirmó que el antiguo régimen alemán “solo imagina que cree en sí mismo y demanda que el mundo deba imaginar la misma cosa”. En tal situación, dejar en vergüenza a esos que están en el poder se vuelve un arma en sí mismo. O, como Marx explica, “la presión actual debe hacerse más apremiante añadiendo a ella la conciencia de la presión, la vergüenza debe hacerse más vergonzosa mediante su divulgación”.

Esta es nuestra situación hoy: estamos enfrentando el descarado cinismo del actual orden global cuyos agentes solo imaginan que creen en sus ideas de democracia, derechos humanos, etc., y a través de jugadas como las de WikiLeaks y revelaciones como las de los papeles de Panamá, la vergüenza—nuestra vergüenza por tolerar tal poder sobre nosotros—se vuelve más avergonzante al divulgarla.

Una rápida mirada a los papeles de Panamá revela dos notables características, una positiva y otra negativa. La característica positiva es la solidaridad global de los participantes: en el oscuro mundo del capital global, todos somos hermanos.  El mundo occidental desarrollado está ahí, incluyendo los incorruptibles escandinavos, y se dan la mano con Vladimir Putin. Y Xi, el presidente de China, Irán y Corea del Norte también están ahí. Musulmanes y judíos intercambian guiños amigables—es un verdadero reino del multiculturalismo donde todos son iguales y todos son diferentes. La característica negativa es la contundente ausencia de los Estados Unidos lo que presta cierta credibilidad a las afirmaciones de Rusia y China de que particulares intereses políticos estaban involucrados en la investigación.

Entonces ¿qué vamos a hacer con toda esta información?. La primera reacción (y la predominante) es, por supuesto, la explosión de una rabia moralista. Sin embargo, lo que deberíamos hacer es cambiar el tema inmediatamente desde la moralidad a nuestro sistema económico: políticos, banqueros y gerentes siempre han sido codiciosos, entonces ¿qué es lo que en nuestro sistema económico y legal les permitió realizar su avaricia de una manera tan masiva?

A partir del colapso financiero del 2008 figuras públicas desde el papa para abajo nos bombardean con mandatos para combatir la cultura de la excesiva codicia y consumación [1]. En palabras de uno de los teólogos más cercanos al papa: “La crisis actual no es una crisis el capitalismo, sino una crisis de la moralidad”. Incluso partes de la izquierda siguen este camino. No hay falta de anti-capitalismo hoy en día: las protestas de Occupy estallaron hace un par de años, y ahora incluso estamos siendo testigos de una exceso de críticas a los horrores del capitalismo: abundan libros, investigaciones en los diarios y reportajes en la televisión sobre empresas que contaminan despiadadamente nuestro ambiente, sobre banqueros corruptos que continúan obteniendo bonos lucrativos mientras sus bancos son salvados con dineros públicos,  sobre fábricas donde niños trabajan horas extra.

Hay, sin embargo, una trampa en todo este desbordamiento crítico: lo que es por regla incuestionable es el marco democrático-liberal de la lucha contra estos excesos.  El objetivo explícito o tácito es democratizar el capitalismo, extender el control democrático de la economía a través de la presión de los medios públicos de comunicación, investigaciones gubernamentales, leyes más duras, e investigaciones policiales honestas. Sin embargo, el sistema en sí mismo no es cuestionado, y su marco democrático institucional del Estado de Derecho sigue siendo la vaca sagrada que incluso las formas más radicales de este “anti-capitalismo ético” como el movimiento Occupy  no tocan.

El error a evitar aquí es ejemplificado con la historia—apócrifa quizás—acerca de el economista de izquierda keynesiano John Galbraith. Antes de su viaje a la Unión Sovietica hacia el final de 1950, Galbraith escribió a su amigo anticomunista Sidney Hook: “No te preocupes, no seré seducido por los soviets y volveré a casa afirmando  que ¡ellos tienen el Socialismo!”. A lo que Hook respondió prontamente: “Pero eso es lo que me preocupa: ¡que volverás afirmando que la Unión Soviética NO es socialista!”. Lo que le preocupaba a Hook era la defensa ingenua de la pureza del concepto: si las cosas no salen bien construyendo una sociedad socialista, esto no invalida la idea en sí, solo significa que no la implementamos correctamente. ¿No detectamos la misma ingenuidad en los fundamentalistas del mercado contemporáneos?.

Cuando durante un debate televisivo en Francia hace un par de años atrás el intelectual francés Guy Sorman afirmó que la democracia y el capitalismo necesariamente van juntos, no pude resistir preguntarle la cuestión obvia: “¿Pero qué pasa con China hoy?”. A lo que Sorman respondió: “¡En China no hay capitalismo!”. Exactamente de la misma manera que para un comunista democrático el estalinismo no era una forma de auténtico comunismo, para el fanático pro-capitalista de Sorman si un país no es democrático simplemente significa que no es verdaderamente capitalista, sino que practica su versión desfigurada.

El error subyacente no es difícil de identificar—es el mismo que en el conocido chiste: “Mi novia nunca llega tarde a una cita, porque en el momento en que lo hace ¡ya no es mi novia!”. Así es como los apologista actuales del mercado, en un secuestro ideológico inaudito, explican la crisis del 2008: no fue el fracaso del libre mercado lo que la causó, sino la excesiva regulación estatal, es decir, el hecho de que nuestra economía no era una verdadera economía de mercado, pues todavía estaba en las garras del Estado de Bienestar. La lección de los papeles de Panamá es que, precisamente, este no es el caso: la corrupción no es una desviación circunstancial del sistema capitalista global, sino una parte de su funcionamiento básico.

La realidad que emerge de la filtración de los papeles de Panamá es la de la división de clases, y es tan simple como eso. Los documentos demuestran cómo la gente rica vive en un mundo separado en el cual otras reglas aplican, en el cual el sistema legal y la autoridad policial están altamente retorcidos y no solamente protegen al rico, sino que incluso están listos para torcer sistemáticamente el Estado de Derecho para acomodarlo.

Ya hay muchas reacciones derechistas liberales a los papeles de Panamá culpando de los excesos a nuestro Estado de Bienestar, o lo que sea que permanezca de él. Puesto que la riqueza está sujeta a tan altos impuestos no es de extrañar que sus dueños traten de moverla a lugares con bajos impuesto lo que no es, en última instancia, ilegal. Tan ridículo como este pretexto resulta ser, este argumento tiene algo de verdad y tiene dos puntos dignos de notar. En primer lugar, la línea que separa las transacciones legales de las ilegales es cada vez más borrosa y a menudo se reduce a una cuestión de interpretación.  En segundo lugar, los dueños de la riqueza que fue trasladada a cuentas en el extranjero y a paraísos fiscales no son monstruos codiciosos, sino individuos que simplemente actúan como sujetos racionales tratando de proteger su riqueza. En el capitalismo, no se puede tirar el agua sucia de la especulación financiera y quedarse con el bebé sano de la economía real. El agua sucia es efectivamente la sangre del bebé sano.

Uno no debería temer llegar hasta el fondo de esto. El sistema legal del capitalismo global es en sí mismo, en su dimensión más fundamental, corrupción legalizada. La cuestión de dónde el crimen comienza (cuáles operaciones financieras son ilegales) no es una cuestión legal sino una cuestión eminentemente política, un asunto de lucha de poder.

Entonces, ¿por qué miles de hombres de negocios y políticos hicieron lo que se documenta en los papeles de Panamá?. La respuesta es la misma que la del viejo acertijo: ¿Por qué los perros se lamen? Porque pueden.

(1) N.d.T. En varias leyes y tradiciones se le llama “consumación” al primer acto sexual que se realiza después del matrimonio. Según el Código de Derecho Canónico “el matrimonio válido entre bautizados se llama sólo rato, si no ha sido consumado; rato y consumado, si los cónyuges han realizado de modo humano el acto conyugal apto de por sí para engendrar la prole, al que el matrimonio se ordena por su misma naturaleza y mediante el cual los cónyuges se hacen una sola carne.”

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Traducción: JM / 2&3Dorm.